Adriana Domínguez: «Comprar una camiseta y tirarla sin lavar para comprar otra es indecente»

«Todos pasamos por malos momentos, pero creo que no tener perseverancia no es la fórmula de afrontar la vida»


redacción / la voz

Adriana Domínguez (Ourense, 22 de agosto de 1976) es hija de Adolfo Domínguez. Además, es licenciada en Ciencias Empresariales Internacionales por Icade y Cesem (Francia), sabe cinco idiomas (gallego, castellano, inglés, francés y alemán). Tiene un respeto absoluto por sus mayores, concilia haciendo sacrificios (tiene un hijo de tres años, y su marido está de lunes a viernes en Madrid), y en estos momentos es la máxima responsable de la compañía que fundó su padre. Su objetivo es relanzar una multinacional, que cotiza en bolsa (en una año se ha revalorizado más del 60 %) y con una plantilla de 1.350 trabajadores. Fue actriz (lo lleva en el alma), toca con destreza el piano (no lo dice ella, sino quienes la conocen) y lee muchísimo.

-¿Cuál fue la decisión más dura que tomó en esta compañía?

-Desde el lado humano, por supuesto el ERE [se fueron 53 trabajadores], porque han salido personas históricas que han formado parte de todos los éxitos que hemos tenido. Y simplemente la nueva estrategia que tomamos de concentrarnos en una marca en lugar de en tres, significa que no podemos estar todos. A nivel estratégico, la decisión más dura fue la de las marcas.

-Parece que de su familia es usted la que tiene la cabeza más amueblada para la empresa.

-Las inteligencias son múltiples. No creo que el amueblamiento mental tenga que ser matemático. En una empresa como esta, dedicada a la moda, la propuesta creativa es vital. Porque lo importante es vender, y eso se consigue si tienes un producto que enamora a una sociedad cambiante. Luego hay otra inteligencia para estructurar los procesos. Nosotros vendemos moda, no tornillos. Y además vendemos una propuesta diferencial: moda de autor, que es tener una voz en el mundo totalmente diferente a otras. De acuerdo con nuestros estudios, cuando alguien elige Adolfo Domínguez lo hace y piensa: «Me da seguridad en mí misma»; «sé que voy a ir bien», y «sé que voy a ir especial». En la vida somos ambiciosos con lo que queremos hacer personalmente, profesionalmente. Tener una marca que ayude al cliente a alcanzar esa excelencia es un compromiso muy importante. Muchas campañas de las que estamos haciendo como #Estonoesunselfie, #Yonosoyadolfo o #Sémásviejo explican que nosotros acompañamos al cliente a ser lo que es, y por eso tenemos prendas que no le definen, que no le hacen una persona u otra.

-#Sémásviejo ¡A quién se le ocurre decirle eso a alguien!

-[Fuerte carcajada] ¡A nosotros! Es fantástico. Yo he tenido la suerte de crecer con mucha gente mayor a mi alrededor. Mi padre hizo su casa a 30 metros de la de su madre, en donde vivían mi abuela, sus dos hermanas y mi bisabuela. También he aprendido de mi padre. Es una persona austera, que le pide mucho a su ropa, pero luego tiene poca y buena. Me parece que todo esto forma parte del espíritu de ser gallega. Y es algo de rabiosa modernidad. Lo moderno es ser auténtico, ser de un sitio en el mundo. Cuando tú vendes a todo el mundo, y nosotros tenemos 472 tiendas en 30 países, observas que la gente lo que más aprecia de tu marca es que sepa a algo específico. Y nosotros queremos que sepa a Galicia.

-¿Los viejos de aquí, cómo son?

-Creo que hay una cultura muy global. Porque ser gallego te prepara muy bien para la internacionalización. Mi padre siempre dice que cuando era pequeño supo antes dónde estaba Ciudad de México, Caracas o Buenos Aires que Madrid. Este es un fenómeno muy gallego. Sentirte próximo a lugares muy lejanos. Acabo de volver de Australia, donde hay una comunidad muy grande de españoles y gallegos. Eso [enfatiza] no es una realidad en otros pueblos. Creo que somos trabajadores, perseverantes, austeros e internacionales.

-¿También tiene poca ropa y buena? ¿Su armario es pequeño?

-Mi madre dice que sí, y con mucha indignación. Yo me parezco más a mi padre en ese sentido.

-Cuando se cansa de una prenda, ¿qué hace?

-Yo no he aprendido a desprenderme de las cosas. Me duran mucho tiempo. Tengo camisas de hace diez años. En Adolfo Domínguez estamos intentando alcanzar la calidad suficiente para que las cosas puedan durar. Hay prendas que te enamoran, y que no te quieres desprender de ellas. Esas son las prendas que queremos.

-Pero uno se cansa...

-Ay, yo no. Nosotros hacemos ropa atemporal. He estado leyendo una serie de estudios sociológicos acerca de consumo de las jóvenes generaciones. Está sucediendo que hay chicos y chicas jóvenes que compran una camiseta y no la lavan. La tiran y compran otra. Ese comportamiento de consumo me parece indecente. Hay un planeta. No tenemos un planeta B. Con comportamientos de este estilo no será sostenible, aunque tengamos capacidad de producción.

-En las últimas cuentas: facturación 114 millones, resultado negativo de 6. ¿Para cuándo los números negros?

-Cotizamos en Bolsa y no puedo dar previsiones de futuro. Pero llevamos dos ejercicios en los que hemos incrementado el resultado operativo en un 75 % y ahora en el primer trimestre hemos ofrecido un resultado de mejora del 50 % respecto al año anterior. El rumbo está bien, aceleramos todo lo que podemos, y nos encontramos con realidades: la reestructuración que estamos haciendo conlleva gastos. Y el beneficio final lo veremos en el período que hayamos amortizado todo el cambio. Pero hay que hacerlo. No hay que tener miedo.

-Cinco idiomas, dos perros y ocho en casa de tus padres.

-Cuando éramos niñas sí había ocho pastores alemanes; era mi manada de lobos.

-¿Iba para actriz?

[Calla]

-¿Si?

-He sido actriz en un período de mi vida.

-¿Volvería a serlo?

-Lo dudo, pero la vida me ha enseñado a que no todo es previsible. Este puesto no estaba en la línea de visión que yo tenía hace no mucho tiempo. La vida te ofrece muchas oportunidades.

-¿Por qué aceptó la decisión de ser la primera ejecutiva de la compañía? Quizá, lo más fácil hubiera sido vender.

-Ahora mismo la empresa tiene un precio mucho mejor que antes (risas). No podía ser de otra manera. Esta es una gran empresa. Estaba en su peor momento, pero todos pasamos por malas situaciones. Creo que tirar la toalla y no tener perseverancia en un momento bajo no es la fórmula de afrontar la vida en general. A abandonar no me lo enseñaron mis abuelos, ni mis padres, que es gente que ha trabajado muchísimo, que se ha esmerado muchísimo, que han sido muy idealistas y que la empresa en la que hoy están 1.350 trabajadores es resultado de esa perseverancia, de esos sueños y de esas visiones. Yo no he aprendido de ellos a tirar la toalla cuando las cosas se ponen feas. Mi padre nos lleva diciendo a mis hermanas y a mis primas desde que teníamos cinco años, que la vida no es fácil, es dura. Tengo un hijo de tres años y le cuento cuentos, y me cuesta mucho encontrar que me gusten. Antiguamente a los niños le leían las fábulas, los cuentos de Grimm y de hadas que realmente tienen historias muy difíciles (orfandad, pobreza, altibajos...) hoy en día los cuentos son más livianos, porque no quieres que a tu hijo, pobrecito, tenga que ver ese lado de la vida. Y yo no sé si eso es correcto. La vida presenta muchos retos y hay que tener algo de formación para saber cómo afrontarlos.

-Se dice que los hermanos Domínguez no se llevan bien.

-Creo que nos tenemos mucho respeto profesional. A mis tíos, que han vivido esta empresa que es la de mis abuelos, y aquí han conocido altos y bajos, yo les deseo mucha suerte. Nuestra empresa lleva 42 años en el mercado, y no puede estar encima de la ola en todo momento. Esto que nos ha pasado a nosotros le pasa a todas las empresas. Nos tenemos un enorme respeto profesional. Lo oigo de mis padres y se lo he oído a mis tíos y a mis primas, con lo cual estoy orgullosa de pertenecer a esta familia. Creo que en el momento en que no hubo una visión conjunta en esta empresa, se hizo lo mejor que se podía haber hecho: separar la propiedad. Salimos a bolsa y se volvieron a ordenar las visiones. Adolfo Domínguez pasó a tener uno de sus mejores momentos y el resto de mi familia ha tenido la oportunidad de montar otras empresas con otras visiones. Diría que aquella fue una resolución exitosa de formas de ver el mundo.

 

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