Un molino de viento que vale por diez

f. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

Las eléctricas empiezan a cambiar aerogeneradores antiguos por otros más potentes

29 mar 2018 . Actualizado a las 14:10 h.

Los parques eólicos gallegos avanzan hacia su madurez (entre 20 y 25 años) y ya se les acerca la hora de renovarse o morir. Las compañías están optando por lo primero, claro, para seguir sacando partido a uno de los vientos más constantes de España, que garantiza una media de 3.000 horas de producción al año (ocho al día). Y el modo de prolongar el latido de su corazón es cambiando los aerogeneradores, un proceso denominado repotenciación. Con él, el cronómetro vital vuelve a empezar a contar.

El 70 % de las instalaciones que salpican la comunidad (hay 161, según datos de la patronal) son anteriores al 2004, esto es, tienen ya 14 o más años. Pero algunas de ellas, las pioneras del sector, ya han cumplido ese tope del cuarto de siglo. Hasta el momento se han repotenciado dos parques, ambos en la Costa da Morte: el construido a principios de los años noventa por Gas Natural Fenosa en Cabo Vilán (Camariñas) y uno de sus coetáneos, de Elecnor, en Malpica.

La evolución tecnológica en los molinos ha sido brutal en las últimas décadas. Tanto que los aerogeneradores levantados en la comunidad están más que pasados de moda y vetustos. Además de que se averían con más frecuencia, uno de los modernos hace el trabajo de diez de los de antes y multiplican varias veces su capacidad para convertir el viento en energía eléctrica. De hecho, donde antes había 22 gigantes que movían sus brazos -así veía don Quijote las aspas de los molinos manchegos- hay ahora solo dos generadores gigantescos. Las máquinas viejas, sustituidas en el 2016, sumaban una potencia de entre 100 y 200 megavatios cada una. Una sola de las nuevas proporciona 3.000.