¿Quiere controlar el miedo?

El decir no a una petición de un jefe o de un compañero crea tensión y conflicto, y el cerebro avisa del peligro a quedarse fuera del grupo. Es un recurso primitivo, automático porque el individuo tiene miedo a que le llamen la atención


La Voz

¿Tiene usted miedo? ¿Lo tuvo alguna vez? ¿A qué? ¿No ha podido con él y le ha controlado? «El miedo -dice Luis Llorente, del Centro de Estudios del Coaching (CEC)- fue un recurso imprescindibles en las sociedades prehistóricas ya que contribuía a la supervivencia de la especie. A medida que las sociedades fueron avanzando las grandes amenazas fueron remitiendo, pero el miedo se quedó instalado en nuestra consciencia».

¿Cuál es el miedo más habitual en el trabajo? «El miedo como necesidad profunda a sentir que pertenecemos al grupo. Llega a ser más importante que la vida porque si no pertenecemos no tenemos posibilidades de vivir», concreta José Manuel Sánchez, socio director de CEC.

¿Cuándo se teme a dejar de pertenecer a ese grupo? El decir no a una petición por ejemplo de un jefe o de un compañero (más o menos educado, más o menos excesivo en sus exigencias, más o menos tóxico) crea tensión y conflicto, y el cerebro avisa del peligro a quedarse fuera del grupo. Es un recurso primitivo, automático porque el individuo tiene miedo a que le llamen la atención, a quedar marcado. Para superar este conflicto, el primer paso es darse cuenta de la situación. Analizar ese sentimiento, que es visceral y está relacionado con el funcionamiento biológico porque ante situaciones de estrés el cuerpo genera cortisol. Por lo tanto, toca intervenir en el cuerpo. Respirar profundamente y generar calma interior. Uno dejará de sentir que está ante un peligro y dejará de producir cortisol. Luego, reflexiona y relativiza.

El miedo es una emoción que al individuo puede dejarle paralizado o provocar su huida. Es importante mirarlo de frente. En caso contrario, tendrá una sensación placentera a corto plazo, pero generará un efecto rebote pernicioso porque la próxima vez que se enfrente a ese mismo peligro, vivirá un miedo reforzado, que ha crecido a costa de pasadas derrotas, con lo que será más vulnerable. La recomendación es sumergirse, aunque solo sea un poco en ese miedo, y revisar que pensamos y que sentimos al acercarnos a él.

Después, hay que dar un nuevo paso: actuar y pensar: ¿He hecho algo malo (hay que tener claro que todo el mundo tiene derecho a equivocarse)? Si no es así, ¿qué pasa si digo que no al jefe o en un grupo? Ese no, señala Sánchez, se puede explicar, justificar y entender. Llegados a este nivel en esta crónica, alguien puede pensar que es fácil hablar y difícil actuar. Al individuo le sigue costando ese decir no. La estrategia en ese caso es no decir que sí de manera automática a la petición. Primero se piensa, se pone condiciones. Así se avanza en superar ese miedo.

¿Quién no ha sufrido o, en el mejor de los casos, oír hablar de ese típico mal ambiente laboral? No ponerle límite con el objetivo de no generar conflicto solo provocará que el individuo tenga menos valor en el grupo porque las personas fáciles no suelen ser respetadas. Por lo tanto, aunque cueste, se requiere tener una conversación, por difícil que resulte, e intentar desbloquear una situación que muchas veces tiene que ver con los miedos del otro y no con los propios.

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