Los millonarios españoles también pagarían más impuestos

Cuatrocientas grandes fortunas estadounidenses acaban de firmar una carta para reclamar que no les rebajen la aportación a las arcas del Estado


sofia.vazquez@lavoz.es

400 millonarios estadounidenses acaban de firmar una carta que remitieron al Congreso para bombardear una de las últimas iniciativas del presidente norteamericano, Donald Trump. Los empresarios reclaman que no les rebajen los impuestos porque «ni es justo ni sabio proporcionar una rebaja fiscal a los ricos a expensas de las familias trabajadoras, especialmente si se financia desmantelando programas que permiten cubrir necesidades fundamentales, como la salud y la alimentación». Firmaron la misiva, entre otros, George Soros, Steven Rockefeller, Bob Crandal y la diseñadora Eileen Fischer. Como ni todos son tan buenos ni todos tan malos, es necesario precisar que la carta fue promovida por Riqueza Responsable, una organización próxima a los demócratas y, por lo tanto, opositora al partido en el que milita Trump.

El caso de los millonarios españoles

Jamás los millonarios españoles mantuvieron una reivindicación similar, al menos en público, por lo que no se sabe que piensan. Haciendo un repaso a los grandes industriales gallegos, encontramos a los que piensan que no habría dificultad en hallar a personas con alto nivel fiscal que reclamasen una medida similar si la finalidad de la recaudación llevase aparejada una causa justa. «Si se trata de abonar subvenciones como las que impulsaron los ERE de Andalucía, o sirven para que revivan colectivos como la Asamblea Nacional Catalana, que no cuenten conmigo», dice uno de los consultados.

Todos ellos tienen la percepción de que en España se pagan muchos más impuestos que en Estados Unidos, donde hay una ley de mecenazgo -«nada tiene que ver con la española», dicen- que favorece el desarrollo social, y advierten de que el problema fundamental en España es saber cómo hay que pagar y cuánto hay que abonar con una seguridad fiscal, «que no la hay».

No obstante, consideran que los contribuyentes españoles hacen frente a sus impuestos con más tranquilidad de la que se presume, pese a que en España la factura fiscal es elevada. «Se paga mucho y nadie se amotina en la calle, aunque en ocasiones se tributa por lo mismo dos veces», sostiene uno. Aparecen en este punto las interpretaciones sobre la ley tributaria que hacen los inspectores de Hacienda, que como su criterio ante la norma también puede estar equivocado, a veces es preciso llegar hasta los tribunales para aclarar cada uno de los casos. Otra calamidad fiscal se considera al impuesto del patrimonio, que además de ser confiscatorio (se paga por lo que ya se ha cotizado y penaliza el ahorro), está diseñado a manera de disparate al ser distinto en cada comunidad autónoma. Este es el motivo por el que algunas son consideradas paraísos fiscales (Navarra, País Vasco y Madrid) frente a las demás.

Alguno de los consultados destaca un sistema puesto en marcha en Perú, denominado «obras por impuestos» y pasa por acceder a contratos públicos si, a cambio, el empresario destina el 50 % de lo que le correspondería pagar por sociedades por ejecutar esa obra a la construcción de un colegio, un mercado, una carretera o cualquier otra infraestructura. Aunque iniciativas como la descrita tienen mucho que ver con la competitividad de la Administración, todo se puede adaptar si de lo que se trata es gastar bien, con criterio y justicia. Tres parámetros opuestos a lo injusto y arbitrario, que es lo que se observa cuando Hacienda quiere cobrar por una bicicleta de que yo le venda a usted a través de Internet.

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