Albino Prada: «Nuestro ritmo de consumo no parece conocer límites»

El economista lleva años sumergido en la historia económica del mundo para llegar a una conclusión explícita en el título de su último trabajo «El despilfarro de las naciones»


redacción / la voz

Albino Prada (O Bolo, Ourense, 1955) lleva años sumergido en la historia económica del mundo para llegar a una conclusión explícita en el título de su último trabajo: El despilfarro de las naciones. Un trabajo de mirada larga que recorre los desajustes y jirones que deja el desaforado crecimiento constante del planeta, con serio riesgo de agotamiento. Lo presenta esta tarde (19.30 horas) en la librería Couceiro de Santiago.

- ¿Ha sido esta una crisis de opulencia, de despilfarro previo?

- El colapso del que me ocupo en es de más largo recorrido que la última crisis financiera de la que ahora estamos saliendo. Pero sí, esa crisis financiera también es resultado de un exceso, de una opulencia de crédito; para poder consumir y crear demanda solvente a una ingente cantidad de inmuebles, automóviles de alta gama o vacaciones. Burbujas financieras que se hacen cíclicamente necesarias para que la población pueda mantener el ritmo de consumo que necesita una oferta que técnicamente hoy no conoce limites... Ni siquiera los ambientales.

- Ese factor, el del exceso, ¿se ha corregido?

- Desafortunadamente me temo que no. Cuando el modelo de salida de la crisis es recuperar las mayores tasas de crecimiento del PIB se realimenta el círculo vicioso. Como bien razona en el prólogo Antón Costas, hoy el problema en España es que el importante crecimiento económico no está siendo acompañado de una mejora del desarrollo social. Está siendo acompañado de un galopante deterioro ambiental y de la inclusividad social. En esas circunstancias habría que plantearse si es posible mejorar el bienestar social y la calidad ambiental sin tanto crecimiento. No tiene sentido querer igualarnos a la riqueza por habitante media de Estados Unidos para acabar, como les sucede a ellos, estancados en un desarrollo social y ambiental como el que ya tenemos. Para ese viaje no se necesitan esas alforjas.

- ¿Tienen razón entonces los que decían que vivimos por encima de nuestras posibilidades? ¿O fueron algunos los que vivieron por encima?

- El conjunto de la humanidad vive por encima de las posibilidades, de la capacidad de carga, del planeta. A día de hoy eso se debe a que la sexta parte de la humanidad somos responsables de ese exceso. Dentro de esa treintena de países los excesos, la bulimia, son norma. Tanto alimentaria, como en todo tipo de cachivaches, como en información o publicidad. Obesidad, obsolescencia, abducción … acompañan estos desmanes. Sin obviar la ostentación de una minoría cada vez más rica, yo veo el problema más bien a la inversa: creo que tenemos posibilidades por primera vez en la historia de vivir, la humanidad en su conjunto, con todas las necesidades básicas cubiertas y en equilibrio con el medio ambiente. Pero no lo conseguimos porque la cantidad de consumismo y de población prima sobre la calidad de vida en unos países, y sobre la esperanza de vida en muchos otros.

- Hay otro factor relevante en el libro: el impacto ambiental que está provocando el crecimiento. ¿Es una variable que apenas se está analizando?

- En mi libro recojo cifras pavorosas sobre ese desequilibrio. Pero seguimos actuando como si los límites ambientales no existieran. Es patético observar como el día sin coches fracasa al tiempo que el cambio climático se nos manifiesta en forma de largas sequías en unos lugares e inundaciones en otros.

En ocasiones contadas, por ejemplo Alemania con la energía nuclear, se producen virajes tecnológicos que quieren escapar de las incertidumbres y riesgos en los que nos empecinamos. Pero al medio ambiente global le hacen falta unas instituciones mundiales de las que hoy carecemos.

- ¿Cómo se puede corregir el desequilibrio entre un crecimiento fuerte y un crecimiento desigual?

- Habría que realizar una transición hacia un estado estacionario: de la población en los países menos ricos y de la producción y el consumo en los más ricos. Saldríamos todos ganando. Porque la dinámica actual nos conduce al colapso ambiental y a unos conflictos migratorios explosivos. Son dos retos descomunales, pero una convergencia a escala global hacia situaciones de desarrollo social como las actuales del sur de Europa serían posibles y sostenibles. La humanidad daría un salto civilizatorio de gigante.

- ¿No cree que la irrupción de la robótica va a provocar la siguiente crisis? Crisis porque el empleo que ahora se hace manualmente va a ser reemplazado y no todo el mundo podrá reciclarse. 

- La llamada economía 4.0 yo la veo como una posibilidad, aunque según como se gestione puede ser un riesgo monumental. En Japón la acompañan de lo que ellos llaman sociedad 5.0. Pocas veces se repara en que Japón es el país con mayor esperanza de vida media del mudo y al tiempo con un nivel tecnológico envidiable. Si a toda nuestra economía le pasa lo que en su día pasó con la agricultura (ahora con un cinco por ciento de la población producimos alimentos de sobra para todos) no quedará más remedio que distribuir el trabajo necesario y la riqueza generada. Sería de locos perseverar en organizarlo de otra forma. Sobre todo cuando la robótica y otros muchos avances tecnológicos son resultado de esfuerzos colectivos y sociales.

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