La otra Galicia empresarial


¿Hay otra Galicia empresarial? ¿Innovadora, fresca y ambiciosa? Sí. Al igual que hay una España de vanguardia, cifrada por el Instituto Nacional de Estadística en unas 20.000 empresas. Compañías que no viven de estar abonadas al Boletín Oficial del Estado o al Diario Oficial de Galicia, porque saben que tienen un único amo, el mercado, y un arma: su capacidad para innovar. Una realidad que, a nivel estatal, vive ensombrecida por el protagonismo de los grandes del Ibex, y que en Galicia, a pesar de tener un peso relativo importante, yacen ocultas tras un discurso empresarial casposo, caduco y caciquil. Recuerdo fresco de tiempos pasados. Hay que cambiar los rostros oficiales del empresariado gallego.

Sí, hay otra Galicia, formada por más de un millar de empresas, y que llevan en su ADN la innovación. Solamente en firmas vinculadas a la Economía del Conocimiento concentramos más de 30.000 empleos, superando holgadamente al sector de la pesca. En tecnologías de la información y la comunicación, movemos más de 15.000 empleos.

Está arraigando un nuevo modelo económico, que podrá extenderse si encuentra campo abonado. Que huye de las administraciones paternalistas, los excesos de burocracia y los adictos a la excesiva regulación. ¡Cuánto daño hacen los burócratas que creen que la única manera de gestionar la realidad es un procesador de textos, ubicado en un único ordenador, el suyo! Cierto que la Consellería de Economía y el Igape muestran maneras. El ejemplo más significativo es su apuesta decidida por convertir a la Galicia del interior en el mayor centro de investigación de drones de España. Pero ni es suficiente ni son suficientes.

El Estado, en solitario, no puede transformar esta tierra. Solo el sector privado lo puede lograr. Démosle libertad y facilidad para proveerse de los recursos que necesita. Construyamos una Galicia en la que la investigación universitaria tenga como objetivo la transferencia de conocimiento hacia su tejido empresarial, en donde las publicaciones científicas sean un medio y no un fin. En la que los investigadores tengan libertad de entrada y salida en el sistema y dejen de ser un cuerpo hermético de funcionarios. Abramos el campo educativo.

Seamos, siguiendo el modelo australiano, puerta de entrada del conocimiento exterior. Captemos estudiantes internacionales de posgrado, acerquémoslos a nuestra industria, transformémoslos en nuestros embajadores ante los mercados exteriores. Construyamos nuevas autopistas, pero de datos. Abramos Galicia. 

Por Venancio Salcines Presidente Escuela de Finanzas

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