Récord histórico de deuda, ¿y qué?


Galicia debe ya 10.289 millones de euros. Espectacular, ¿verdad? Impresiona, pero solo eso. Algo de vértigo y punto. ¿Y por qué no ha de perder el sueño? Por varias razones. La principal, y que explicaré al final, es que esa cantidad nunca va a pagarla. Es muy visual el juego de dividirlo por el número de gallegos y después decirle «usted debe no sé cuanto». Pero ahí se queda,  en lo visual y en meterle algo de agobio en el cuerpo. Así, de paso, le robamos la sonrisa a la hora del vermú.

Lo que sí debe preocuparnos de la deuda de Galicia, e igualmente de la española, son cinco aspectos. El primero, nuestra capacidad de refinanciarla y ahora no solo es total,  sino que, en el caso español, hasta nos pagan por dejarnos dinero en el corto plazo. Tela. La segunda, que es una extensión de la anterior, es su coste, y en este aspecto, ya lo sabe, estamos en mínimos históricos. Tan en mínimos que hasta el Gobierno catalán prefiere aguantar al insufrible de Montoro antes de acudir, a pecho descubierto, a los mercados internacionales, donde, por cierto, están catalogados como bono basura. La tercera, la velocidad de crecimiento sobre el PIB autonómico, en marcha atrás en el caso gallego.Esta variable nos lleva a la cuarta, el déficit público, totalmente controlado. De hecho es la gran medalla económica que se pone un día sí y otro también el presidente Feijoo. Y la quinta y última, es el superávit primario de las cuentas públicas, igualmente bajo control.

Es decir, la deuda de Galicia, ahora, no ha de quitarle el sueño. Pero le decía al principio que nunca la pagará, y es cierto. Lo explico. Los mercados financieros, nuestros prestamistas, no miden la deuda por su valor absoluto, sino en términos relativos sobre nuestra producción. A usted cuando le prestan ¿qué le miran? ¿La cantidad que le dejan, o cuanto supone sobre sus ingresos? Aquí igual. En la medida en que nuestro país crezca y entre en una espiral de inflación -que va a ocurrir más pronto que tarde si atendemos a la inflación subyacente- iremos viendo cómo esta deuda va cayendo, en términos relativos, a un ritmo moderado. De tal modo que, si no entramos en políticas de derroche público, en cinco años lo que hoy es llamativo le pasará desapercibido. El conselleiro de Facenda de turno irá pagando deuda vieja con nueva, y la inflación y el crecimiento de los ingresos tributarios la irá escondiendo a la vista de los ajenos a las finanzas. Lo dicho, disfrute.

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