ACS encalla en Seattle

La avería de la mayor tuneladora del mundo, parada más de un año, le ha costado ya a la firma de Florentino Pérez y a sus socios más de 150 millones

Los operarios desmontan la cabeza de la tuneladora para luego llevarla a reparar.
Los operarios desmontan la cabeza de la tuneladora para luego llevarla a reparar.

Redacción / La Voz

La ampliación del canal de Panamá y las obras del AVE del desierto, que unirá las ciudades saudíes de Medina y La Meca, no son los únicos contratos en el exterior que se les han atragantado a las grandes constructoras españolas. Mientras todos los focos apuntaban hacia Sacyr, OHL o la gallega Copasa, encargadas de esas dos grandes infraestructuras, ACS encallaba en la oscuridad del subsuelo de Seattle.

A través de su filial Dragados USA, la firma que preside Florentino Pérez se adjudicó junto a un socio, en diciembre del 2010, el contrato para la construcción de un túnel de 2,7 kilómetros en la ciudad de la lluvia, que reemplazará a un viaducto dañado en un terremoto en el 2001, con un presupuesto que supera los mil millones de euros. Para los trabajos, la empresa española encargó en Japón la tuneladora más grande del mundo, con 17,5 metros de diámetro, a la que bautizó como Bertha en honor a la que fuera alcaldesa de la urbe entre 1926 y 1928, la primera mujer en dirigir una gran ciudad en Estados Unidos.

Pero el coloso, que tras un periplo en barco desde Osaka empezó a excavar a finales de julio del 2013, apenas aguantó el ritmo cinco meses. En diciembre de ese año, cuando apenas se habían perforado 300 metros, el consorcio (integrado por Dragados y la local Tutor Perini) paralizaba los trabajos tras detectar que la máquina empezaba a ralentizarse. Al revisarla, comprobaron que se había averiado. Los problemas no habían hecho más que empezar.

Porque, ¿cómo rescatar una pieza de 7.000 toneladas atascada a 37 metros de profundidad? La única solución posible, determinaron los técnicos, era excavar un enorme agujero, a pocos metros de donde se encontraba parada la máquina, de forma que esta solo tuviera que avanzar una distancia mínima para que los operarios pudieran tener acceso a ella, desmontar la cabeza de la tuneladora y llevarla a la superficie para su reparación. Un hito que, si todo sale según lo previsto, se completará a finales de este mismo mes lo que, según las previsiones de la constructora, no permitirá retomar los trabajos de excavación antes de agosto.

Agujero económico

Y, claro, un año y medio de retraso en una obra de esta magnitud tiene un coste. Uno intangible, en reputación. Y otro que se puede cuantificar, en este caso en dólares. Aunque de momento es difícil determinar la cifra. Según medios locales, el consorcio ha reclamado ya 200 millones de euros en sobrecostes. Pero las autoridades del estado de Washington le han denegado ya pagos por 150 millones, que deberá asumir de su bolsillo. Y la factura no es mayor porque Hitachi Zosen, la empresa japonesa que fabricó la tuneladora, asume el coste de su reparación.

Dividir el coste final entre la Administración y el consorcio (que culpa a la primera de la avería, asegurando que los planos facilitados no situaban correctamente las tuberías) llevará años y, casi seguro, una dura pelea judicial.

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