Y ahora, recuerde


Está bien alegrarse ¿Por qué no hacerlo? Hemos bajado de 100. Cierto. Pero recuerde que fue ayer cuando nuestra deuda aún era rechazada por lo más granado de la clase financiera de Londres y Fráncfort. No olvide. Tiene usted la obligación de contarle a sus hijos que cuando las cosas se pusieron duras en su tierra los analistas de la City se referían a su casa como uno de los países Cerdos (PIGS). O como algún imberbe financiero nacional, vendedor de patrias, reía las gracias de la banca de inversión británica, alemana y americana, diciendo «la prima de riesgo, de nosotros, los PIGS, está descontrolada».

Sí, recuérdele a su gente que en julio del 2012 superábamos los seiscientos puntos y en las casas de apuestas se creían ganadores los que afirmaban que este país se hundiría, que quebraríamos. Que lo hacíamos con total merecimiento, por ser país de vagos, maleantes, especuladores y corruptos. Y aunque puede que en lo de corruptos tuvieran un poco de razón, o en todo caso es difícil negarla visto todo lo que pasa; lo único que demostraban es que no conocen esta nación. Estamos cargados de culpas, pero ni una más que las que acarrea el mayor puritano de Berlín. Cierto es que soportamos una doble penitencia, por un lado, la de  equivocarnos en la elección de nuestra clase política, y por otra, la de pensar que todo lo que viene del norte de los Pirineos es positivo. Mire, con España jugaron y especularon, como lo hicieron con Grecia o con Portugal. Nos arrodillaron, humillaron y acomplejaron, y fueron los mismos que hoy buscan a Rajoy para, en un aire de camaradería, decir que somos un país milagro. ¡Qué milagro! ¿Milagro es que el 7 % de los gallegos necesiten de nuestra ayuda para comer? ¿Que el mayor sueño de cinco millones de personas sea trabajar unas horas? ¡Venga!

Estuvimos solos. Muy solos. No lo olvide. Contarlo es parte de la herencia que ha de dejar a los suyos. Draghi nos salvó. Europa no aguantaría la quiebra de España y Alemania. Apesadumbrada por las caídas de sus ventas en los mercados emergentes asiáticos, volvía a necesitar que usted le comprase un automóvil. Ese mismo Banco Central que nos dio oxigeno cuando los germanos se lo permitieron ahora nos tumba la prima por debajo de cien. De locos. Ni antes fuimos lo que algunos sinvergüenzas quisieron que fuéramos, ni hoy tenemos un riesgo financiero inferior al de Australia o Canadá. En todo caso, disfrute de una inmerecida prima.

Venancio Salcines es presidente de la Escuela de Finanzas.

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