El clavo ardiendo de la actual reforma fiscal

La propuesta de Lagares renuncia a incrementar los ingresos y situar a España en la senda de la UE


La gran renuncia de la reforma fiscal que se va a acometer en España es la renuncia a homologarnos fiscalmente como país europeo. Estamos en el euro y en la Unión Europea, pero en lo relativo a los ingresos públicos vamos, y seguiremos, caminando por libre. El presidente del comité de expertos para la reforma fiscal en España confesó este fin de semana en una entrevista: «El Gobierno tiene un compromiso. Tiene el compromiso de bajar el gasto público hasta el 39,7 % del PIB en 2016. También ha dicho que los ingresos públicos permanezcan entre el 37 y el 38 % del PIB. Nosotros nos hemos agarrado a eso como a un clavo ardiendo y hemos tomado ese porcentaje como punto de partida. No aumentamos la presión fiscal, la mantenemos».

Esa afirmación de agarrarse como un clavo ardiendo a no subir los ingresos más allá del 37,5 % del PIB es toda una declaración de principios antieuropeísta de nuestros reformadores. Porque la media de ingresos públicos en la Unión Europea está nada menos que en un 45,5 % del PIB. Nos moveremos ocho punto por debajo del PIB (renunciar a 80.000 millones de euros) de lo que es necesario por término medio en un club de países desarrollados como es la UE. O somos mucho más listos que ellos, o haremos las cosas muy mal para el conjunto de la sociedad. Me inclino por esto segundo casi seguro.

Muy mal significa que nuestros pensionistas no van a poder mejorar la pensión media o a hacer digna la pensión mínima. Significa que muchos mayores dependientes no van a poder ser atendidos como es debido. Significa que buena parte de nuestros parados no van a contar con una renta mínima digna o que los millones de excluidos no van a tener una red social.

Muy mal significa que nuestro sistema sanitario no va a poder hacer frente a las demandas de la sociedad y que, sobre todo para los sectores menos pudientes, esas restricciones van a suponer mayores riesgos y mortalidad. En lo educativo significa que ninguna reforma, en marcha o pendiente, va a contar con los recursos para conseguir objetivos de primera.

Porque con esos ingresos como objetivo (clavo ardiendo) de la reforma fiscal, los gastos públicos en España se situarán diez puntos de PIB por debajo de la media europea. Muchos recursos menos para poder cubrir, en función de nuestra riqueza, las demandas de las políticas públicas y de bienestar social. Demandas gigantescas en un país que transita por una depresión económica histórica.

Si uno lo quiere decir con nombres de países, significa que con esta reforma no nos pareceremos nada a Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Austria, Suecia, Reino Unido o Finlandia. Y que nuestra ambición y referencia, con esta reforma fiscal, es parecernos a países como Eslovaquia, Rumanía, Lituania, Letonia, Estonia o Bulgaria. No hay color.

Es una reforma conformista que apenas molestará a los sacrosantos bolsillos de los listillos, defraudadores y expertos en trasladar la carga fiscal a los asalariados. No molestará a los que presumen de ser pasajeros que no pagan billete, o se golpean el pecho protestando contra los muchos impuestos que pagan los ricos en España.

Albino Prada es profesor de Economía Aplicada. Univ. de Vigo

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