El BCE y el riesgo de deflación


Antes del verano del 2012 se criticaba, con razón, al Banco Central Europeo (BCE) por no emplear las poderosas armas de que disponía para luchar contra la contracción económica. Incluso, en dos momentos críticos -comienzos de los veranos del 2008 y del 2011- subió los tipos de interés, con el fin de «mantener la credibilidad antiinflacionista de la política monetaria», cuando lo que estaba llegando en realidad eran devastadoras recesiones: errores de bulto, históricos. En cambio ahora, el anuncio de una bajada histórica en los tipos que acaba de hacer Mario Draghi, a lo que se une la extensión hasta el 2015 de la barra libre de liquidez a los bancos, ha sorprendido para bien a casi todos.

¿Por qué se hace precisamente ahora que aparecen algunos atisbos de reactivación en la zona euro? O quizá cabría preguntar: ¿no estamos ante un reconocimiento de que la reactivación es extraordinariamente débil, y que hay que estimularla para evitar que caigamos en un probable estancamiento prolongado?

Afirma Mario Draghi que es la desaparición de un escenario inflacionista lo que motiva su decisión. Dígase como se diga, lo que el consejo del Banco Central Europeo parece haber entendido al fin es que algo importante está fallando en los motores de la economía interna europea, de cuya atonía surge una amenaza muy veraz de deflación. Un vocablo -deflación- que hasta hace muy poco los tecnócratas de Fráncfort se vanagloriaban de no usar, por lo que no hay duda de que estamos ante un viraje político económico de calado. Los norteamericanos y los japoneses ya lo habían entendido.

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