El parón de la eólica condena a Galicia a la deslocalización industrial

Empresas instaladas aquí trabajan en parques de Francia, Etiopía y Finlandia ante la prolongada ausencia de actividad

b. couce
santiago, ferrol / la voz

La industria auxiliar del sector eólico gallego vive un vertiginoso proceso de deslocalización y de cierres de fábricas como consecuencia de la parálisis de esta actividad en Galicia. La contracción de la demanda, la falta de financiación bancaria con la crisis, la ciénaga burocrática de concursos administrativos, el incremento de la fiscalidad y, sobre todo, el cambio regulatorio a nivel de Estado que supone el fin de las primas a las renovables, han desatado una tormenta perfecta cuyo desenlace es la puntilla para un sector que parece completamente dinamitado.

Un nuevo ERE

El anuncio efectuado por Gamesa esta semana de adelgazar en un tercio su plantilla en As Somozas -que pasará a 160 empleados de los 700 con que llegó a contar en los tiempos de bonanza- constituye una muestra más del proceso de deslocalización iniciado ya hace cinco años. Y que, en el último lustro, se ha llevado por delante al menos 2.000 puestos de trabajo directos, la mayoría de ellos en la comarca de Ferrolterra. Gamesa, que llegó a tener en Galicia 1.200 empleados, con plantas en Sigüeiro (Oroso) y As Somozas para fabricar palas de aerogeneradores, vive ahora básicamente de la exportación. Una salida puramente coyuntural porque las empresas creen que no tiene sentido fabricar en Galicia aerogeneradores que se instalarán en Sudamérica o Asia.

La última en irse

Antes de Gamesa, el pasado mes de febrero, saltó a los medios el adiós de la multinacional Alston, que anunció su decisión de cerrar la fábrica de As Somozas y su centro logístico de Narón para deslocalizar su producción a Navarra, lo que va a suponer el despido de 63 empleados.

Otros golpes en Ferrolterra

La principal infraestructura de producción eólica de Ferrolterra, la fábrica de turbinas de Navantia, está ahora fuera del mercado, sin licencia para producir molinos, lo que supone la infrautilización de un potencial estratégico, con lo que acarrea en términos de empleo directo e inducido en una comarca de por sí castigada por el parón del sector naval. Navantia perdió en el 2008 la licencia con el tecnólogo Bonus para producir aerogeneradores. En Narón, en Río do Pozo, Eymosa-Ventogal también se quedó sin producción eólica. Y en Curtis, Emesa, fabricante de fustes eólicos, ha llevado cabo hasta cuatro ERE.

El fatídico 2010

El parón del sector eólico, que se inicia ya en la legislatura del bipartito, tiene en el 2010 su año horrible para la industria auxiliar. En As Pontes llegaron a cerrar Danigal y LM Composites, esta última, una firma que fabricó durante 10 años 7.000 molinos. Pero no fue la única. En Mugardos, Metalúrgica del Atlántico, que llegó a recibir cuantiosas ayudas para fabricar el último grito en torres, también sucumbió a la crisis.

La salida, trabajar fuera

En este escenario, las empresas del sector están volcadas en trabajos en otros países. Es el caso de Huso29, ubicada en As Somozas, que se ha ocupado del montaje en la Bretaña francesa del aerogenerador marino más grande del mundo, fabricado por Alstom. En estos momentos también está instalando turbinas para esta firma en Etiopía y Finlandia, en donde tiene desplazadas 30 personas, y lo hará próximamente en Holanda.

La vía del mantenimiento

Otra de las salidas para el sector es el mantenimiento de los parques ya existentes y la reparación de componentes. Es una vía de trabajo que está generando ocupación para las firmas del grupo industrial naronés Intaf, que ha compensado la caída en la actividad de fabricación de las piezas de los molinos con este tipo de obras. Además de atender averías en las máquinas en los propios parques, se ocupa de reparar componentes en sus instalaciones.

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