¿Qué le está pasando a nuestro poder adquisitivo?
ECONOMÍA
En el relato de la crisis muchas veces centramos el foco en una dimensión macroeconómica. La aparición continuada de noticias sobre temas como la evolución del déficit y de la deuda pública, la contracción del producto interior bruto, la caída del consumo y la inversión, la evolución de la prima de riesgo o las decisiones del BCE sobre los tipos de interés, por citar solo unos cuantos, ocupan una gran parte de la información periodística. Hasta tal punto hemos estado asistiendo a una proliferación cotidiana de estas noticias, que poca gente debe quedar en España sin tener al menos una idea aproximada de lo que es, por ejemplo, la prima de riesgo, un concepto antaño restringido a la jerga de los economistas.
La perspectiva cambia cuando centramos la atención en cuestiones como las cifras de paro, dando voz a los dramas personales que están detrás de las sobrecogedoras estadísticas de desempleo, o las penalidades a las que se ven sometidas muchas familias afectadas por los recortes en ámbitos como la educación o la sanidad. A estos se añaden otros temas que con frecuencia escapan a la atención mediática, como por ejemplo la pérdida de poder adquisitivo de los salarios asociada a la crisis. Viene esto al hilo de la reciente subida de los precios de la bombona de butano, un producto energético casi de primera necesidad en los hogares con menos recursos. No puede uno dejar de preguntarse hasta qué punto se ha deteriorado nuestro nivel de vida durante estos últimos años.
La forma más sencilla de plantear la cuestión es a través de la evolución del poder adquisitivo, midiendo la capacidad de compra de los salarios. En la medida en la que los precios de los bienes de consumo se incrementen por encima de lo que lo hacen los salarios, el poder adquisitivo se reducirá, y aumentará en el caso contrario. Si tomamos la evolución del coste salarial ordinario que nos proporciona la encuesta trimestral de coste laboral del INE, los salarios habrían crecido menos de un 2 % acumulado desde comienzos del 2009. En el mismo período, el IPC se ha incrementado más de un 9 %. Estos números implicarían una pérdida de poder adquisitivo de los salarios de más de 7 puntos en un período de cuatro años. Pero esta cifra aún siendo negativa, se queda corta a la hora de evaluar la pérdida. No tiene en cuenta que un gran número de personas han perdido su empleo, casi dos millones y medio en ese mismo período, viéndose sometidas a una caída brutal en su nivel de vida. Tampoco contempla los recortes salariales de los funcionarios, recortes que están por encima del 7 %, lo que implicaría una caída de poder adquisitivo de más de 16 puntos, al unirse la disminución salarial con el incremento de los precios. Y tampoco refleja la situación de muchos trabajadores autónomos y profesionales liberales, cuya actividad e ingresos se han visto dramáticamente reducidos por la crisis.
En definitiva, los números confirman la impresión que tenemos acerca del empobrecimiento al que nos hemos visto sometidos en estos últimos años. Una pérdida de la que tardaremos en recuperarnos.