El BCE busca fórmulas para acabar con el cerrojazo del crédito
12 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Anda frustrado Draghi porque sus medidas no llegan a todos los rincones de la eurozona. Porque se ha roto la correa de transmisión de su política monetaria. Y eso ha acabado por cristalizar en lo que los expertos denominan una «fragmentación financiera». Algo así como aquello tan castizo de «unos tanto y otros tan poco».
Lo que le preocupa al presidente del BCE, y a muchos otros en la eurozona, no es otra cosa que la existencia de dos mundos paralelos en el club de la moneda única. De un lado, el que habitan los países del Sur, donde financiarse cuesta Dios y ayuda. Porque los bancos mantienen cerrado a cal y canto el grifo del crédito y, cuando lo abren, lo cobran a precio de oro. Y, del otro, los Estados del Norte, que en esta crisis viajan en primera. Como Alemania, que se ha ahorrado un buen puñado de miles de millones pagando poco -e incluso, alguna que otra vez, cobrando- por el dinero que pide prestado y que consigue sin apenas despeinarse.
En resumidas cuentas: que los sufridos consumidores y empresas del Sur han de cargar con intereses muchos más altos que los que abonan su homólogos del corazón de Europa. Y, eso cuando tienen la suerte de que les den crédito. Tanto es así que, según los últimos datos que maneja Draghi, las pymes españolas pagan los créditos un 77 % más caros que las alemanas. Ahí es nada. Ni que decir tiene que este sobrecoste supone un pesado lastre para su rentabilidad; y, por tanto, para las posibilidades de recuperar la inversión y, de paso, el empleo, que falta hace.
Así que, si preocupado anda Draghi, cómo será lo de las pymes, para quienes el acceso al crédito se ha convertido en un sinvivir. De hecho, para una cuarta parte de ellas representa ya el principal problema al que se enfrentan. Les quita tanto o más el sueño que lo de encontrar clientes. Lo reflejan hasta las propias encuestas del BCE.
Sostén de la eurozona
Las pymes representan el 89 % del tejido empresarial de la eurozona y sustentan el 75 % del empleo. En España son cerca de 3,24 millones -el 93 % de las compañías del país- y generan más del 60 % de los puestos de trabajo, con casi 14,6 millones de trabajadores en plantilla. De ahí la importancia -y, por supuesto, la urgencia-, de dar con la tecla que las libere de esas restricciones y las deje trabajar.
Y, otra vez -como casi siempre a lo largo y ancho de esta agotadora crisis- las miradas están puestas en el BCE. El mismo que no ha escatimado esfuerzos -ni millones- para apuntalar el sistema financiero, pero que a la hora de agarrar el toro de la economía real por los cuernos y tirar del carro de una eurozona con casi 20 millones de parados resulta mil veces más comedido. Hasta la exasperación.
Frases como «no puedo hacer mucho más para que los bancos superen sus miedos», pronunciada no hace mucho por su presidente, han logrado sacar de sus casillas a más de uno.
Pero, ahora las tornas parecen haber cambiado. Andan los responsables económicos del continente obsesionados con resolver el problema. Sabedor de que algo hay que hacer, Draghi ha trasladado la cuestión a un grupo de expertos para que busquen la manera de que el dinero inyectado en el sistema financiero encuentre el camino hacia la economía real. Esto es, que sirva para financiar a las pymes y a los hogares y nos ayude a superar la crisis de una soberana vez.
Y, ¿qué puede hacer el BCE?
Compras del BCE
La autoridad monetaria sopesa seriamente adquirir préstamos de dudoso cobro a la banca de España y de otros países de la ribera mediterránea para desbloquear la llegada del crédito a las pymes. Lo que compraría el BCE serían títulos avalados con créditos concedidos a pequeñas y medianas empresas. El objetivo: aligerar las cargas de las entidades para que estas puedan destinar nuevos fondos a la financiación de ese tipo de compañías
Ni que decir tiene que la medida produce urticaria en Alemania. Más allá de la oposición a que el BCE emule en agresividad a la Reserva Federal, y se convierta en una especie de banco malo del Sur, los títulos respaldados con activos financieros tienen muy mala prensa en el país germano. Allí tienen grabado a fuego en la cabeza que esos productos estuvieron en el epicentro del crac financiero por su vinculación con activos tóxicos de origen inmobiliario.
Apoyo del BEI
Entre su arsenal se encuentra también la posibilidad de reducir las garantías que deben aportar los bancos para acudir a la ventanilla del BCE e, incluso, la de aceptar los créditos concedidos a las pymes como colateral.
Mejores condiciones
Podría seguir también los pasos del Banco de Inglaterra: por cada libra prestada este año a las pymes, otorgará a las entidades 5 libras de préstamo/liquidez en el 2014.
Penalización
En el arsenal de Draghi figura la posibilidad de cobrar a los bancos por aparcar su dinero en el BCE. Antes remuneraba esos fondos al 0,25 %, pero, desde julio, la tarifa es del 0 %. Y dejó de gratificar estos depósitos para forzar a las entidades a prestar más. Ahora sopesa un salto de auténtica envergadura: cobrar por ello. En Europa, solo Dinamarca lo hace.