El comisario de Economía, Olli Rehn, desveló la semana pasada un secreto. En plena ofensiva del FMI y Estados Unidos para que Europa deje de abrazar la austeridad con todas sus fuerzas, el responsable finlandés confesó que las tijeras ya no están tan afiladas. Su pronóstico para este año fue que la zona euro moderará tanto sus ajustes que se verá sobrepasada en rigurosidad por Washington, el gran ejemplo de política expansiva a lo largo de la crisis. Aunque todavía falta que refrende sus palabras con una clara flexibilización de los objetivos de déficit, Rehn parece encarar el final de una larga ciaboga. La nueva doctrina indica que los países deberán apretar con las reformas, pero podrán atemperar progresivamente los implacables tajos presupuestarios.
Atemperar el énfasis
El comisario de Economía, que la semana pasada acudió a la cumbre de primavera del FMI, recibió «numerosas recomendaciones» con el mismo mensaje central. Los principales socios de Europa insisten en que debe abandonar su apuesta por la austeridad a ultranza y contribuir a tirar del crecimiento global con un menor énfasis en la disciplina presupuestaria. Rehn no prometió un cambio de rumbo completo, pero sugirió que en la UE empieza a sonar una melodía diferente. Según sus datos, el club de la moneda única llevará a cabo este año un ajuste estructural -excluyendo los gastos adicionales provocados por la crisis- del 0,75 % del PIB frente al 1,75 % previsto en EE.?UU.
Pese a la mayor contención con los ajustes, se espera que los 17 cierren el 2013 con un déficit conjunto del 3 %, el límite sagrado estipulado por Bruselas para acreditar el saneamiento de las cuentas públicas. Este factor, unido a la recesión que aqueja al bloque, explica el progresivo viraje de la Comisión.
España, la gran beneficiaria
España se presenta como uno de los grandes beneficiarios de la nueva estrategia, pero no está sola en sus aspiraciones. Francia y Holanda, dos socios en una posición mucho más desahogada que la española, también aguardan una mayor flexibilidad. El debate de la austeridad golpea a todos los Gobiernos, aunque el nivel de desempleo sea más llevadero. Rehn despeja el camino hacia una mayor indulgencia, pero no perdonará con las reformas.