Gilles Ardinat: «El final del euro es un escenario a afrontar»

borja de miguel AIX-EN-PROVENCE / E. LA VOZ

ECONOMÍA

El geógrafo de la Universidad Paul Valéry de Montpellier recuerda que los dirigentes de la UE han debatido esa posibilidad en las cumbres sobre la crisis

09 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El concepto de competitividad ha copado los discursos políticos y mediáticos. Ya no es una noción microeconómica aplicada a empresas y productos, sino que ahora son los países los que deben ser competitivos para sobrevivir. Atraído por este nuevo lenguaje, Gilles Ardinat, geógrafo y profesor de la Universidad Paul Valéry de Montpellier (Francia), se planteó dibujar una cartografía de la competitividad que, a través de colores del verde al rojo, permitiera comprender globalmente el concepto. Autor del libro Entender la mundialización en diez lecciones, Ardinat reflexiona sobre un concepto que considera «más un discurso político, un eslogan, que una noción económica o geográfica».

-¿Se puede reducir la competitividad de un país a un color?

-Hay que tener cuidado, porque los índices del Foro Económico Mundial y de otros estudios son solo una imagen a partir de datos muy heterogéneos y de sondeos entre empresarios.

-Para ellos, ¿dónde está España?

-Para ellos es un país en retroceso respecto a Europa, aunque claramente más competitivo que los del norte de África.

-Usted usó sus propios índices según su idea de competitividad.

-Primero, solo tomé variables de resultado de competitividad (crecimiento, paro) y eliminé las de medios (políticas de formación, inversiones del Estado) y los sondeos. Segundo, dividí la competitividad en tres facetas: comercial, de atractividad territorial y la presente en los informes de la ONU. Los resultados no varían mucho, pero esta visión permite nuevos análisis.

-¿Cómo ven sus mapas a España?

-Tiene un gran problema de competitividad comercial: consume más de lo que produce, importa más de lo que exporta.

-¿Qué otros problemas tiene?

-Aparte de una crisis de modelo, poco diversificado y desequilibrado hacia el sector inmobiliario y turístico, muchos analistas empiezan a decir que es un problema del euro. En una zona de libre comercio no se puede hacer proteccionismo, y con tipos de cambio comunes no se puede devaluar la moneda para relanzar las exportaciones. Por eso el Gobierno español está bloqueado y la forma de corregir la falta de competitividad es bajar salarios. En Grecia se ha hecho de manera masiva. En España, en menor medida, pero las perspectivas son alarmantes.

-¿Cómo se ha llegado a este desequilibrio en el sur de Europa?

-Con el euro, ciertos países han podido endeudarse hasta niveles que habrían sido imposibles con las monedas nacionales, porque había una ilusión de credibilidad por la firma de Alemania y por la supuesta supervisión europea, que finalmente ha resultado ser una broma.

-¿Qué más sucedió en España?

-En países que han tenido tasas de inflación más altas que la media y que habrían necesitado tipos más altos, el euro, en vez de traer algo virtuoso, contribuyó a la burbuja inmobiliaria. Con tipos bajos e inflación alta el crédito se vuelve muy barato.

-Usted no es proeuro?

-Me da miedo que esta voluntad de salvar el euro a toda costa sea una carga exorbitante para todos los países, para los que pagan los rescates y para los que los sufren.

-Entonces, ¿propone abandonar el euro?

-Esa hipótesis era algo extremista y fantasiosa hace tres años. Hoy sabemos que en las cumbres sobre la crisis los grandes dirigentes de Europa tuvieron seriamente en cuenta esa opción. El fin del euro no es una aberración, es un escenario a afrontar.