Dice que «algunos Gobiernos subestiman la a terrible tragedia del paro»
11 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.No ha sido nunca Jean Claude Juncker, el presidente del Eurogrupo (el consejo de ministros de Economía y Finanzas de la eurozona), un hombre con pelos en la lengua. Jamás se la ha mordido. Y no lo iba a hacer precisamente ayer, el día de su última comparecencia ante el Parlamento Europeo. Más bien todo lo contrario. Aprovechó la ocasión el luxemburgués, que dejará el cargo el próximo 21 de enero, para poner los puntos sobre las íes, embistiendo contra la austeridad a machamartillo impuesta desde Berlín.
Sin mencionar en ningún momento a la canciller Angela Merkel -ni falta que hizo-, Juncker puso sobre el tapete su profunda disconformidad con el ritmo de los ajustes exigidos a algunos países, como España, que han tenido que hacer frente a un gigantesco esfuerzo, y, a los que, en su opinión, habría que «compensar de alguna manera». Y no solo eso, también arremetió contra la absoluta «falta de solidaridad» demostrada por Alemania y sus amigos del norte (Finlandia y Holanda, los dos grandes aliados de la canciller en la defensa de la austeridad a ultranza).
A juicio del todavía presidente del Eurogrupo, el principal error que han cometido quienes desde Berlín auspician los ajustes es «subestimar la terrible tragedia del paro». Y no le extraña que entre los ciudadanos haya cundido la idea de que «Europa solo está para castigar, y no para ayudar». «La orquesta francoalemana no hace precisamente las delicias de los melómanos», dejó caer con ironía el también primer ministro luxemburgués, famoso por sus bromas y su sorna. Y también por sus continuas fricciones con Alemania.
Tampoco quiso dejar pasar la oportunidad de mandarle un recado a su sucesor (el favorito en todas las quinielas es el ministro holandés de Finanzas, Jeroen Dijsselbloem). «Le aconsejo que hable con determinación, pero que, ante todo, escuche. Que escuche sobre todo al Sur, porque lo contrario sería un desastre». En su opinión, hay que desterrar la confrontación Norte-Sur porque no conduce a nada bueno. Y los países tienen que escucharse más unos a otros. «Ojalá les crecieran las orejas a los ministros en las reuniones del Eurogrupo», sintetizó, para continuar después con las críticas: «Aquellos vecinos del Norte que se creen mucho más virtuosos que los del Sur deberían echar un vistazo a sus propias cifras. Quizá entonces caigan en la cuenta de que no lo son tanto como pensaban». En este punto, Juncker, que casi nunca da puntada sin hilo, se encargó de recordar que el único país que no ha sobrepasado nunca la mágica cifra del 3 % de déficit es el suyo.
Salario mínimo europeo
El luxemburgués imprimió a su discurso un tono marcadamente social, incidiendo en que los más pudientes deberían arrimar más el hombro. Incluso se mostró partidario de crear un salario mínimo europeo. «Necesitamos una base de derechos sociales de los trabajadores, que incluye uno esencial: el salario mínimo obligatorio desde el punto de vista legal. Si no, nos arriesgamos a perder el apoyo de las clases trabajadoras».
También abogó por «cierta retroactividad» en la recapitalización directa de la banca, sin que el Estado tenga que asumir la deuda, lo que beneficiaría a España.