El último tango de Repsol

La campaña de acoso y derribo orquestada por el Gobierno argentino tenía como objetivo socavar la cotización de YPF. Y lo logró: le ocasionó un roto de 3.900 millones


REDACCIÓN / LA VOZ

Los tambores de la nacionalización de YPF, consumada esta misma semana, llevaban tiempo retumbando en los oídos de los inversores. Y, sabedor de que más de uno huiría despavorido al oír el estruendo, el Gobierno argentino decidió subir el volumen del hostigamiento. Y, qué casualidad, lo hizo justo después del anuncio, a bombo y platillo, del hallazgo de Vaca Muerta. El mayor descubrimiento de la historia de Repsol y ese en el que Argentina ha depositado todas las esperanzas de abandonar la dependencia energética.

Y, con la codicia de ese tesoro en mente, el Ejecutivo de Cristina Fernández comenzó a componer, allá por noviembre, la música del último tango de Repsol en Argentina. Además de arrebatarle la joya de la corona, quiso asegurarse un buen precio. Y qué mejor manera de conseguirlo que perforando los cimientos de la filial de la petrolera. Prácticamente un día sí y otro también, las provincias argentinas que albergan yacimientos en sus entrañas fueron anunciando la revocación de las licencias de YPF en sus territorios.

Chubut abrió el fuego

El pistoletazo de salida lo dio Chubut, la principal región petrolera del país. Y poco a poco fueron cayendo concesiones. Y con ellas, el valor de las acciones de la compañía, a las que no les quedó otra que enfilar la cuesta abajo.

Cuando la presidenta Fernández de Kirchner anunció la expropiación, YPF costaba 1.900 millones de euros menos que en noviembre, cuando todo eran alegrías por el milagro de los panes y los peces en el que prometía convertirse el hallazgo de Vaca Muerta. Y consumado «el vil expolio» -en palabras del presidente de Repsol, Antoni Brufau- la herida se ha agrandado. En esta semana, la hasta el lunes filial de Repsol, ha perdido otro 29 % de su valor. Resumiendo, que ahora vale 3.900 millones menos que en noviembre. En el caso de la participación expropiada a la petrolera española (el 51 %), el precio ha pasado de los casi 4.500 millones de noviembre del 2011 a los 2.490 millones del cierre del viernes.

Repsol (que hasta ahora tenía el 57,43 % de la argentina) le exige al Gobierno de Kirchner 8.000 millones de euros y otros 6.000 por lo que dejará de ordeñar en Vaca Muerta. Dicen al otro lado del charco que nones. Que ya verán. Y las cifras, no oficiales, que empiezan a circular por las mesas de operaciones hablan de bastante menos, de unos 1.700 millones de euros como punto de partida de la negociación.

A ese quebranto, Repsol habrá de añadir los casi 9.500 millones que se ha dejado en Bolsa durante todo este calvario. Por no hablar de otros efectos como las rebajas que ya ha sufrido y que puede seguir sufriendo en su calificación crediticia y en las recomendaciones de los analistas. Y, para muestra, un botón: hace tres días, Standard & Poor's le asestó un buen hachazo, rebajando su nota de BBB a BBB-, y dejándola a un paso del bono basura.

Presa fácil

Además, y lo que es más preocupante, esa caída de la cotización convierte a Repsol en una presa fácil para las grandes petroleras. Sin YPF, que representa el 40 % de sus reservas, más de la mitad de su producción y un tercio de su beneficio bruto, la española se convierte en una presa apetecible y relativamente fácil para las grandes petroleras internacionales.

Pero no hay vuelta atrás. Repsol lo sabe. De hecho, ya ha iniciado los trámites para retirar YPF de su nombre. Ahora solo le queda enfilar el caminito cubierto de cardos. Eso, y llorar por Argentina

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