Berlín dice que el BCE no está para resolver los problemas de España

mercedes mora REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

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La desconfianza en la capacidad de la banca para salir de la crisis sin ayuda hunde la Bolsa

19 abr 2012 . Actualizado a las 10:33 h.

Que la rama alemana del BCE y sus allegados no están por la labor de seguir comprando deuda para sacarle a España las castañas del fuego ya se sabía. De hecho, si por ellos fuera, la autoridad monetaria no debería haber hecho nunca uso de ese arma. Lo dejó caer hace unos días el consejero holandés de la institución, Klaas Knot. De forma suave. «Confío en que no tengamos que volver a adquirir bonos. Estamos muy lejos de hacerlo», dijo. Y, lo repitió ayer, esta vez de forma mucho más dura, el representante alemán. El también presidente del Bundesbank (banco central alemán), Jens Weidmann, aseguró en declaraciones a la agencia Reuters que el BCE «no está para arreglar los problemas de España». «No debemos proclamar el fin del mundo si los tipos de interés a largo plazo de un país sobrepasan temporalmente el 6 %», argumentó el germano. El bono español a diez años ha rebasado ese listón en varias ocasiones durante los últimos días de asedio. Es más, Weidmann aconseja a Rajoy que se lo tome como un acicate para «hacer sus deberes y recuperar la confianza del mercado mediante reformas».

«No es nuestra labor proporcionar ayuda financiera con el fin de prolongar en el tiempo los ajustes necesarios», insistió, para advertir inmediatamente después que ningún miembro del BCE está a favor de usar el programa de compra de bonos (SMP) para fijar un tipo de interés específico en los bonos de un determinado país. Tampoco cree el alemán que sea preciso regar otra vez el sistema financiero con una megainyección de liquidez como las que se hicieron en diciembre y febrero.

Jarro de agua fría

Como era previsible, sus palabras cayeron como un jarro de agua fría en las mesas de operaciones. Y, la prima de riesgo, que por la mañana había bajado de los 400 puntos, envuelta en rumores sobre una hipotética división en Bruselas -con voces favorables a conceder a España un año más para alcanzar la meta del 3 % del déficit-, acabó el día en 410. Hoy el Tesoro mide sus fuerzas en sendas emisiones de bonos a dos y diez años.

Mucho más aciago resultó el día en la Bolsa, el peor del año, de hecho: el Ibex se hundió un 4 %, por debajo ya de los 7.100 puntos, en niveles de marzo del 2009, el momento más delicado de la crisis que desencadenó la caída de Lehman en septiembre del 2008.

El origen del varapalo

Entre las causas, una ya casi vieja conocida del mercado: la desconfianza casi absoluta en la capacidad de la banca para resolver la crisis sin ayuda exterior (léase Fondo Europeo de Rescate). Pero también otras nuevas, relacionada con empresas señeras. Al particular viacrucis de Repsol, cortesía de la señora Kirchner, se sumaron ayer los descalabros de ACS e Iberdrola, enfrascadas desde hace meses en una cruenta batalla.

La petrolera añadió un quebranto del 6,21 % al castigo acumulado durante estos días, arrastrando con ella a Sacyr (tiene el 10 % de la compañía), que se dejó un 10,36 % de su valor, protagonizando con ello la mayor caída del día. ACS, que ha vendido el 3,7 % de Iberdrola por debajo del precio de mercado, bajó un 6 % y la eléctrica, un 7,87 %.

«No hay que proclamar el fin del mundo si los tipos de un país superan el 6 %»

«La presión de los mercados debe ser un acicate para avanzar en las reformas»

«No es nuestra labor proporcionar ayuda financiera para retrasar la aplicación de los ajustes»

Jens Weidmann