Un paso más. En un comunicado que necesitó aclaraciones posteriores, el Banco de España dio un respiro a Galicia. NCG sigue de momento en solitario e puede intentar cerrar su plan A: lograr inversores que permitan mantener a la entidad en el mapa financiero de España. Esto significa evitar el desmantelamiento de los centros de trabajo y evitar que Galicia se convierta en esa parcela que se controla desde los despachos de Madrid.
Existe un plan B, que pasa por la subasta. De momento queda aparcado porque la entidad va a luchar por cerrar el proyecto por el que impulsando desde hace ya cuatro años. Quiere dar entrada al capital internacional que exige garantías a través de un esquema de protección de activos (EPA). El coste para las arcas públicas es bastante más barato que el EPA que exigiría otra institución en el proceso de subasta. Pero además tiene otra ventaja, la más interesante para las autoridades españolas: sería la primera vez desde el inicio de la crisis que desembarcaría en el país una importante cantidad de dinero foráneo (se podría estar hablando de mil millones de euros).
Galicia tiene claros todos estos argumentos. Ahora falta convencer a Madrid y que, por fin, una decisión política firme permita relanzar plenamente la entidad. El ministro De Guindos tiene la última palabra. La consensuará, seguramente, con el presidente Rajoy. Las presiones a las que se enfrentan son fuertes, pero es preciso que piensen en el interés general. Si así lo hacen, tendrán de su parte la fuerza de la razón.