El 4,4 %, una meta inalcanzable

mercedes mora REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

El Gobierno está abocado a renegociar en Bruselas el objetivo de déficit de este año

30 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Que la austeridad es indispensable para poner en orden las maltrechas cuentas del Estado no lo duda nadie. Pero, ojo, porque los ajustes sin crecimiento -y no digamos en medio de una recesión como la que nos augura todo organismo que se precie- puede acabar con el país inmerso en un círculo vicioso. A saber: los recortes golpean sin piedad sobre la economía, atascan la vía de los ingresos impositivos, y elevan el peso que tiene la deuda en el PIB. El resultado: vuelta a empezar. O lo que es lo mismo, más y más ajustes con los que sufragar la cruzada contra el déficit.

El Gobierno lo sabe. Perfectamente. Es consciente de que la relativa tranquilidad de la que disfruta ahora la prima de riesgo es solo eso, relativa. Y frágil. Extremadamente frágil. El país necesita imperiosamente cuadrar sus cuentas si no quiere vérselas otra vez con las manadas de lobos que habitan el mercado.

Pero, también sabe Rajoy -o debería-, que si en su afán por hacer los deberes que le ha puesto la profesora Merkel no procura el equilibrio entre austeridad y crecimiento, el remedio acabará siendo peor que la enfermedad. Hasta la inflexible canciller alemana le ha hecho un hueco en su vocabulario a las palabras crecimiento y empleo en las últimas semanas.

Por eso, y aunque, de momento, y de puertas para afuera, los miembros del Ejecutivo sigan refiriéndose al objetivo de déficit para este año (el ya archifamoso 4,4 %) con el calificativo de «irrenunciable», con la boca más bien pequeña, han empezado a colar en su declaraciones matices como «hoy», «en este momento», «al ritmo adecuado», al referirse al techo y su consecución.

Un sueño

Tienen claro que habrá que renegociarlo en Bruselas. Tan pronto como la Comisión haga públicas las nuevas previsiones sobre la economía española.

Y eso, porque también sabe muy bien el Gobierno que alcanzar ese 4 % es prácticamente un sueño. Sin atisbo alguno de realidad.

Porque recortar el agujero de las cuentas públicas en un año desde el 6 % (la previsión que Salgado pactó con la UE para el 2011) hasta el 4,4 %, con un crecimiento del 2,3 % (lo que figura en el Programa de Estabilidad para este año) supone un tijeretazo de 16.500 millones. Difícil tarea. Rebajarlo del 8 % (donde situó el nuevo Gobierno el déficit, tras levantar las alfombras) al 4,4 %, también con un incremento del PIB del 2,3 %, trae aparejado un recorte de 40.000 millones. Tarea para titanes. Pero, recorrer ese mismo camino cuando la economía no solo no crece sino que se contrae un 1,7 % -si tomamos por buenas las últimas previsiones del FMI- supone un agujero en el cinturón de, nada más y nada menos, que 60.000 millones. Misión imposible. A menos que se quiera asfixiar al país.

Para lograr una proeza tal solo hay un camino: incrementar los impuestos -el IRPF y, por supuesto el IVA-, y reduciendo el gasto hasta la saciedad. Por no hablar de la peliaguda senda que supone obligar a los ciudadanos a pagar por servicios esenciales como la sanidad o la educación.

Un dato: los economistas calculan que por cada punto que se desvía el producto interior bruto de la previsión inicial, el déficit público se reduce en cuatro décimas menos de lo esperado.

La respuesta la conoceremos a finales de marzo o abril, cuando esté listo el nuevo Programa de Estabilidad y reciba el visado de la UE.