Unas horas después de enterarnos de que acabamos la primera mitad del año siendo los campeones de Europa en desempleo, los primeros datos del pasado mes de julio permiten al menos decir que no empeoraron las cosas. Que no estamos cavando un hoyo aún más profundo.
En el conjunto de España cae el paro registrado y aumenta, en cifras similares, el número de cotizantes a la Seguridad Social. Aunque la caída mensual del paro en julio es muy inferior a la anotada en ese mismo mes del año pasado, y el aumento de los cotizantes es ligeramente inferior. Con lo que no se puede decir que este mes de julio haya sido mejor que el del pasado año. Que esto es así lo deja muy claro la tasa interanual de variación del paro registrado, que desde el mes de mayo viene aumentando. Este sería un indicador de un cierto agotamiento de nuestra recuperación económica, recuperación muy lastrada ya por los sucesivos ajustes de gasto público y por una empantanada situación del sector financiero e inmobiliario.
En Galicia también el mes de julio anota un importante repunte de las cotizaciones y una semejante caída del paro registrado. Pero si bien en ambos casos el dato mensual es mucho mejor que en la media española, la evolución en los últimos doce meses es peor. Convendría no echar las campanas al vuelo por estos pagos. Y convendría ser prudentes porque, además, los afiliados a la Seguridad Social no aumentaron en este mes de julio en Galicia más de lo que lo hicieron el año pasado, mientras que la reducción del paro registrado fue muy semejante.
Ni con este buen dato de julio encima de la mesa da para decir que este año vamos mejor que el año pasado. Y eso, tal como están las cosas y cómo evolucionan los países de nuestro entorno, debiera obligar a tomarnos el asunto de cómo salir de este atolladero mucho más en serio que repitiendo -y aplicando- un catecismo más o menos neoliberal.