¿Culpable o modelo a seguir?

ECONOMÍA

En esta crisis está teniendo mucho éxito la estrategia del relato invertido. Para el caso español la idea es una narración según la cual la crisis vino de fuera, afecta a muchos y también a nosotros. Este relato escamoteó los gigantescos méritos que nuestra espectacular burbuja hizo para resquebrajarse y explosionar. Ahora una versión renovada de aquel relato es el de que, cuando ya llevamos demasiado tiempo en el agujero, intenta responsabilizar de las dificultades para salir de nuestra recesión a algún país del exterior.

Nada más fácil que convertir al prestamista (bancos alemanes) o a un presunto ventajista del mercado europeo (las empresas alemanas) a su vez beneficiadas de una moneda única (el euro frente al marco) en culpables. Si esto se adoba con el mándala del diferencial del bono español respecto del referente alemán como una espada de Damocles venida de fuera, de nuevo el relato invertido está servido. Porque silenciamos que los que tomaron riesgos excesivos fuimos los prestatarios españoles (financieros y empresas especulativas) o que somos nosotros los que más nos beneficiamos del mercado único (protegido del exterior) y de un euro fuerte.

El relato de la Alemania culpable silencia que ellos (ni los franceses) no tuvieron burbuja inmobiliaria, ni un sector privado sobreendeudado, que ahorran mucho más, que diseñaron y debatieron una estrategia globalizadora, o cuentan con una banca y sector empresarial público estratégicos. Silencia que, metidos en recesión, ellos protegieron los buenos trabajos al precio de no crear empleos basura mientras otros estamos en que el empleo precario y mal pagado sustituya a los trabajos más estables. Estamos en una economía de esponja que dispara el déficit público (y las presiones y exigencias de prestamistas propios y ajenos) porque la caída de los ingresos públicos se suma a los crecientes gastos sociales.

El relato ignora que la actual canciller alemana gana elecciones con políticas que en lo esencial se parecen al programa socialdemócrata alemán. Aunque quien esto escribe disienta de las posiciones alemanas sobre no emitir deuda soberana europea, o sobre la inflexibilidad para modular temporalmente los plazos del ajuste en déficits de los países europeos según cada particular situación.

El relato esconde que ellos pueden seguir creciendo sin lo que exportan a los llamados PIGS, pero nosotros no podríamos reemplazar sus mercados y, menos aún, ningunear su esperemos que recuperada demanda turística como tabla de salvación. En este punto creo que en vez de una economía culpable se han convertido en un ejemplo a seguir. Pues mientras los gurús anglosajones habían pregonado con éxito el despreocupado entusiasmo por los negocios financieros en detrimento de la base industrial del país, solo en algunos de esos culpables países europeos se practicaba lo contrario. Claro que hoy recogemos los abrumadores resultados.