«Está todo parado; todo es no, no, no»

Rodri García / Xulio Vázquez

ECONOMÍA

Clac, clac, clac,... Los números para atender a los parados iban cayendo ayer en una abarrotada oficina de empleo. Fuera, uno pedía por teléfono consulta psiquiátrica

28 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Número A26, puesto 2». La voz metálica llamaba cada cierto tiempo. En otros puestos el turno saltaba con un opaco sonido: clac, clac, clac... En la veintena de mesas de la oficina de empleo del barrio coruñés de Monelos atendían ayer sin descanso a los parados que llenaban el local. En las sillas de espera, jovencitas, dos madres con niños, una embarazada, una rubia con unos tacones como la cola del paro y voces foráneas («estaba mal porque ponía que yo me había ido del brasero voluntariamente y eso es mentira»). En la entrada del local decenas de colillas en la calle. Un poco más allá, varios jóvenes se pasaban otro tipo de pitillos, de los que colocan, pero no precisamente en el mercado laboral. En la oficina no hay cobertura. Un parado llamaba fuera por el móvil: «Soy... Tuve una recaída. Tenía que verte hoy... Vale, a las ocho paso por ahí». Consulta psiquiátrica apalabrada. Manuel Pan lleva dos años en paro, «estaba en el naval, en Talleres Carral, y hubo un ERE». Está esperanzado: «Creo que para el mes empiezo a trabajar». Será de vigilante en una empresa que trabajará para Ikea, en A Coruña (para los 400 puestos de la firma se presentaron 46.000 solicitudes).

Seis meses trabajó de cajera una veinteañera que ayer se apuntaba por primera vez al paro. Menos tiempo, cinco meses, lleva sin trabajo José Manuel Naveira, que era empleado de una constructora. «Se acabó el trabajo y tuvimos que marcharnos». Ayer fue a apuntarse a un curso de controlador de grúa, porque no encuentra otra alternativa: «Está todo parado y lo que encuentras es todo no, no, no», decía, antes de irse en su moto.

El ocaso del ladrillo

También a la construcción pertenecía el vigués José Carlos Pérez Rial (36 años). «Llevo cerca de dos años sin trabajo, pero nunca me han llamado, ni he logrado encontrar otro empleo, por mucho que lo busqué», afirmaba resignado. Pasó por distintas empresas de Vigo relacionadas con el ladrillo y se movió por toda Galicia, hasta que se vio en la calle. No es optimista: «Tal como están las cosas, no le veo futuro, porque la construcción sigue parada». Casado y con una hija de cinco años, «lo tengo fatal para llegar a fin de mes. Solo dispongo de una ayuda familiar de 420 euros. Vivíamos de alquiler y tuvimos que marcharnos para casa de mi madre». ¿Y cómo se encuentra? «Sin trabajo, sin ingresos? ¡Cómo voy a estar!... Fatal».

Otra viguesa, Pachi Zulueta (53 años) lleva mes y medio en el paro. «Estoy separada y tengo tres hijos, dos de ellos están a mi cargo, pero me voy apañando», apunta Zulueta, quien con todo confiesa que su moral está baja. Su vida laboral se resume a esta última década como trabajadora comercial, aunque en diferentes empresas y nunca con contrato fijo. Ante la posibilidad de reanudar su actividad laboral, considera que en estos momentos encontrar trabajo es casi una misión imposible: «Me puse a buscar empleo, pero no hay trabajo ni para fregar suelos».