La visita de Timothy Geithner a Pekín pone en evidencia las tensiones cambiarias entre los dos países. Bajo un paraguas de presión política por el previsible informe sobre la manipulación del yuan y la venta de armas a Taiwán, los hechos se demuestran muy distintos. Gran parte de la capacidad productiva de China está orientada a exportaciones a Norteamérica con precios altamente competitivos. Un freno en las exportaciones podría provocar capacidad no ocupada, en un país cuyas previsiones de crecimiento para el 2010 apuntan al 9%. La única forma de evitar esto es mantener la paridad del dólar con el yuan recomprando deuda americana en dólares. Los chinos son en esto unos expertos y poseen, según los analistas, más del 20% de la deuda pública de EE.?UU. En una situación de salida de la recesión, su posición les otorga un gran poder financiero sobre los norteamericanos. Sin embargo, los recientes datos de creación de empleo en Estados Unidos indican que entre tres o seis meses la recuperación de su economía será ya visible. En este caso, lo importante no es obtener la financiación como hasta ahora, especialmente de los chinos, sino contribuir al crecimiento con la propia demanda y la capacidad de exportación. En una palabra, la apreciación del yuan. Se trata de un duelo entre titanes en el que al cambiar las circunstancias también cambian los enfoques.