El paro español lastra las estadísticas de la recuperación de la Unión, cuyos líderes se reúnen el jueves en Bruselas para debatir las estrategias de salida de la crisis
09 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El paro es un gravísimo problema para la Unión Europea por la sencilla razón de que España es uno de sus miembros. Si los Veintisiete fueran solo veintiséis, tendrían 4,4 millones de parados menos. Y a pesar de la recesión y del crac financiero, una Europa sin España podría vanagloriarse de haber respondido a la crisis con solidez y solvencia. El desempleo, descontando la población activa española, no superaría un más que razonable 8%. Mucho menos que en China, o que en Estados Unidos.
El cálculo no es más que un ejercicio de ficción, pero en la UE no es infrecuente que se realicen operaciones de ese estilo, para medir el impacto que tienen sobre los indicadores económicos conjuntos las cifras de un solo socio, o de un grupo de ellos. Se hizo antes y después de la ampliación al Este en el 2004, y tras la adhesión de Rumanía y Bulgaria en el 2007. Desde hace unos meses, en algunos de los corrillos de políticos, funcionarios y periodistas que se forman en los pasillos de las instituciones en Bruselas, también se ha puesto de moda sacar a colación el pasmoso efecto estadístico del desempleo español.
El próximo jueves, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea celebrarán en la capital belga una cumbre extraordinaria que, según las reglas del nuevo Tratado de Lisboa, tendrá el formato de corrillo. Porque los presidentes estarán solos, sin la asistencia de ministros, técnicos ni diplomáticos. La reunión no ha sido convocada por la presidencia española de turno, sino por el presidente permanente del Consejo, el belga Herman Van Rompuy, quien quiere que el debate se desarrolle sin papeles ni propuestas previas, para hacerlo girar en exclusiva en torno a la presentación de iniciativas políticas para encauzar la salida de la recesión.
Zapatero
Seguramente ese formato beneficia al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien le tocaría hacer un verdadero papelón si tuviera que liderar el cónclave ofreciendo a sus socios recetas anticrisis. Su cartera soporta un peso indescriptible, que a los demás les resulta mucho más liviano.
Zapatero lleva en su zurrón 1,3 millones de parados más que Angela Merkel, y centenares de miles más que Sarkozy, que Brown y que Berlusconi, a pesar de que ellos representan a países mucho más poblados y con mayores tasas de población activa que España. De hecho, en la bolsa española caben miles de desempleados mas que en las de Malta, Luxemburgo, Chipre, Eslovenia, Dinamarca, Austria, Finlandia, Letonia, Bulgaria, Irlanda, Países Bajos, Eslovaquia, Bélgica, la República Checa, Suecia y Hungría, tomadas de forma conjunta.
Esa colosal mochila de parados tiene gran parte de la culpa de que los mercados hayan empezado a dudar seriamente de la solvencia de España, porque la duda es real: ¿hasta cuándo podrá mantener el recurso al endeudamiento para pagar los miles de millones de euros que le cuestan todos los meses al Estado los subsidios de desempleo y las multimillonarias inversiones destinadas a paliar el drástico parón de la iniciativa privada? Como sucedió con Grecia, que intentó falsear un efecto estadístico, Europa está empezando a darse cuenta de que el paro español no es tanto un problema europeo, sino un problema para Europa.