Todo funcionó como un mecanismo perfectamente engrasado y la junta de accionistas de la eléctrica celebrada ayer en Madrid aprobó por un holgado margen la supresión de los blindajes exigida por Acciona y Enel, de manera que la opa lanzada por la alianza hispano-italiana a 40,16 euros por acción sigue su curso. El presidente de la compañía, ya a punto de abandonar el puesto de mando, se despidió «con la satisfacción del deber cumplido».
De inmediato lo celebró el consejero delegado de la eléctrica italiana, Fluvio Conti: «Estamos muy contentos, muy satisfechos del resultado», dijo. En su opinión, la asamblea «ofrece una perspectiva muy positiva para nuestra oferta, que acaba el 1 de octubre».
A la junta de Endesa acudió, personalmente o representado, e incentivado por la prima de 0,15 euros por acción -una factura total de otros 150 millones de euros- un 93,5% del capital. A causa de los blindajes, Enel y Acciona, los propietarios del 46%, sólo pudieron votar como si tuvieran el 10% del capital.
El cómputo de los votos tomó en cuenta esa circunstancia. Cuando a favor de los cambios se pronunciaron 562 millones de títulos, esa cifra cumplió todos los requisitos. Fue, por una parte, equivalente al 92,48% sobre el capital presente o representado con derecho a voto. Pero también reflejó la voluntad del 53,42% del capital total de la compañía.
Detrás de esa decisión de facilitar el camino a los adquirentes estaban prácticamente todos los accionistas de referencia, desde Caja Madrid, con el 9,93% del accionariado, a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), con algo menos del 3%, pasando por los miembros del consejo.
A partir de este momento, ya se reconoce el principio de «cada acción, un voto», desaparece la diferente tipología de los consejeros y se suprime el régimen de incompatibilidades que impedía el acceso al órgano de administración a quienes mantienen intereses en otras sociedades del sector. Enel es dueña de Viesgo, mientras Acciona desarrolla parte de su negocio en el ámbito de las energías renovables.
Manuel Pizarro, el presidente que, tras la opa lanzada por Gas Natural el 5 de septiembre del 2005, lideró una pírrica batalla en defensa de su propia posición y de los intereses de los accionistas, resolvió este último trámite con cierta frialdad y sólo se permitió alguna emotividad controlada en la asamblea en la que los propietarios de la compañía despejaron el camino a los nuevos propietarios.