Análisis | El perfil del nuevo IRPF Una reforma del impuesto sobre la renta hecha desde?la izquierda debería tener como objetivo solucionar?los problemas de una injusta distribución de la carga tributaria
16 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.El vicepresidente económico Pedro Solbes acaba de anunciar las líneas generales de una reforma fiscal que el Gobierno quiere aplicar a partir del ejercicio 2007. Este aplazamiento en los cambios fiscales esta justificado, en parte, por la voluntad de propiciar un amplio diálogo social sobre los mismos que permita alcanzar un consenso posterior. Lo que aquí sigue son algunas ideas relevantes para valorar la situación de la fiscalidad en España y de las líneas de la reforma que propone el Ejecutivo.? En primer lugar, España es uno de los países de la zona euro con una presión fiscal más baja. En concreto, los ingresos del Estado expresados como porcentaje del PIB son en España del 34%, frente al 40% de la media. Este diferencial de seis puntos demuestra que no es ni una prioridad ni una necesidad volver a bajar los impuestos en España, porque ya tenemos una fiscalidad muy por debajo de la del área económica en la que se realizan las dos terceras partes de nuestros intercambios económicos. En segundo lugar, tras los años de Gobierno del PP, el sistema fiscal español se ha hecho más regresivo. Sirva de ejemplo un dato de enorme relevancia. A partir del ejercicio 2002 y, por primera vez en nuestra historia reciente, los impuestos indirectos -que son los más injustos porque gravan más a las personas de menos renta- ya aportan más a la recaudación fiscal (el 53%) que los impuestos directos. En tercer lugar, el principal impuesto directo, el IRPF, es soportado fundamentalmente por los asalariados, que aportan cerca del 80% de la recaudación, porcentaje muy superior al peso que tienen las rentas salariales en la economía. Y esto es así porque, sorprendentemente, la renta declarada por los trabajadores es más alta que la de los empresarios. En el 2002, los asalariados declararon una base imponible media de 14.978 euros, un 40% más que los empresarios y profesionales, que afirman tener una base imponible de 9.010 euros. Este dato anómalo algo tendrá que ver con el elevado grado de fraude fiscal que hay en España. Pero es que, además, las personas que tienen rentas de su trabajo están penalizadas frente a las que las obtienen por rendimientos de su capital. Así, en el caso extremo, para un mismo nivel de ingresos un asalariado pagaría el triple que otra persona que logra sus ingresos por un incremento de capital (plusvalías). Distribución injusta De lo anterior se deduce que la distribución de la carga fiscal es ahora más injusta como consecuencia de las reformas de la última década. Las rebajas fiscales beneficiaron especialmente a las personas con mayor nivel de renta, debido a los cambios en la estructura del IRPF, a la disminución de los tipos del impuesto y sobre todo por el tratamiento a las rentas de capital. Y por ello fueron criticadas por la oposición de izquierda, que se opuso a las mismas en el trámite parlamentario. Sobre la base de lo dicho hasta aquí, parece evidente cuáles deberían ser las líneas de una reforma fiscal progresista que anule estas perversiones de nuestro sistema fiscal. En concreto, una reforma del IRPF hecha desde la izquierda debería tener como objetivo solucionar los problemas de una injusta distribución de la carga fiscal, que favorece, por un lado, a las personas de mayor nivel de ingresos y, por otro, a las que obtienen sus ingresos por rendimientos de capital y no por su trabajo. Sin embargo, lo avanzado hasta ahora de la futura reforma no va, por desgracia, por este camino. Las cuestiones más progresistas de la reforma: la mejora de la carga tributaria soportada por los asalariados, el cambio en la tributación de las plusvalías o la revisión de las deducciones por aportaciones a planes privados de pensiones, se mantienen en un alto grado de incertidumbre e indefinición. Por el contrario sí son más concretas las medidas que van a tener efectos negativos sobre la recaudación y sobre la equidad del impuesto. Así la disminución en el número de tramos de la tarifa hace más difícil redistribuir el esfuerzo según los diferentes niveles de renta, esto es, hace más complejo mejorar la equidad vertical del impuesto. También la reducción de los tipos, en especial del tipo máximo, no sólo beneficia a los niveles altos sino que, unido a otros cambios, va a provocar una pérdida de recaudación próxima a los tres mil millones de euros. Esperemos que el debate social sirva para reformar la reforma y que ésta avance por el camino contrario, esto es, para que el impuesto sobre la renta de las personas físicas tenga una mayor equidad y una superior capacidad de recaudación que asegure la suficiencia y la progresividad del sistema fiscal. Maica Bouza y Manuel Lago son Economistas del Gabinete Técnico ?del S.N. de Comisiones Obreras de ?Galicia