«Los aumentos de impuestos son contraproducentes en la actual coyuntura económica, y por ello se trata de algo que no tomamos en consideración». Esta contundente declaración realizada durante la campaña de septiembre le está pasando factura a Schroeder El canciller ha hecho todo lo contrario desde que obtuviera una pírrica victoria electoral: ha aprobado ya y anunciado para más adelante una brutal subida impositiva que la oposición cristianodemócrata ha calificado como «orgía fiscal». Impuestos tan chocantes como los que gravan la comida para perros, el implante de muelas, los vuelos al extranjero, las flores cortadas o los coches de empresa. Pero también tan importantes como el que afecta a las grandes fortunas. La clave de esta marcha atrás de Schoeder es el enorme déficit público alemán, próximo al 3,8% del producto interior bruto en el 2002 y por tanto muy por encima de las normas europeas. Es así de claro: faltan más de 30.000 millones de euros para atender los astronómicos gastos estatales, en gran parte para los más de cuatro millones de parados. Además, la oposición conservadora ha conseguido que se creara una comisión parlamentaria, denominada «comisión de la mentira», para investigar un presunto engaño a los electores por parte del líder socialdemócrata. Los cristianodemócratas acusan a Schroeder de haber ocultado deliberadamente la existencia del gran «agujero» de la economía alemana y de mentir cuando prometió que no subiría los impuestos. Por todo ello, la popularidad del canciller se encuentra en caída libre.