Los intereses geopolíticos de Arabia Saudí y Estados Unidos, entre otros países, y las ambiciones financieras de compañías como Exxon Mobil -que acaba de invertir 1.200 millones de dólares para aumentar las extracciones en Nigeria- impiden que el 17.º Congreso Mundial de Petróleo y Gas, iniciado ayer en Río de Janeiro, sirva para poner orden en el sector energético.
02 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Directivos y técnicos de las principales compañías del mundo se reúnen durante cuatro días para analizar la situación del sector y, en teoría, para poner coto a la creciente politización de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En la OPEP -que produce el 65% del petróleo que se comercializa en los dos principales mercados de crudo, Londres y Nueva York- casi nadie respeta los acuerdos consensuados. Los países partidarios de aumentar la producción, con Arabia Saudí al frente, ya han roto los techos fijados hace seis meses, alegando que urge contrarrestar la agresiva política comercial de países ajenos a la OPEP que, como son los casos de Noruega y Rusia, durante 2001 aumentaron un 8% y un 20% sus cuotas de mercado, respectivamente. Desde la orilla opuesta, la AIE (el lobby creado por los países más ricos del mundo, que a su vez son los que más hidrocarburos consumen) demanda la estabilización de las producciones y de los precios pero, paradójicamente, los integrantes de la agencia rompen equilibrios al auspiciar nuevas prospecciones (incluso en el odiado Irak, donde la francesa Totalfina-Elf y la italiana ENI han suscrito sendos contratos) e incrementar las extracciones en Nigeria, Indonesia, Rusia, Noruega y México. Soluciones Las contradicciones son tantas que el foro de Río sólo servirá para enumerar problemas y apuntar soluciones cuya aplicación, en todo caso, dependerá de Gobiernos como Arabia Saudí, Indonesia, Venezuela, Kuwait, Argelia o Nigeria, cuyo intervencionismo en el sector petrolero es omnímodo.