VUELVE EL MODELO AMARGO

La Voz

ECONOMÍA

El paro puede descender de dos maneras. Una, la saludable, es la que se registró en Galicia en el trienio 1998-2000. La economía gallega generó empleos suficientes para dar trabajo a una parte de los parados y para incorporar a nuevos contingentes al mercado laboral, como estudiantes o amas de casa. Desde 1976, el primer año con datos de la EPA para Galicia, sólo hubo ocho ejercicios en los que crecieron simultáneamente la población activa y el número de ocupados y tres de ellos fueron 1998, 1999 y 2000. Fue un período excepcional que terminó en el 2001. El año pasado funcionó el otro modelo, teñido de amargura. El número de ocupados, la gente que trabaja, se redujo y el paro también disminuyó, porque cayó la población activa, el volumen de personas en edad y condiciones de trabajar. Hubo parados que hallaron su ansiado puesto laboral, pero fueron más los que salieron del mercado, pasaron a ser pensionistas o prejubilados. En un país necesitado de una revolución demográfica, la destrucción de empleo es un duro golpe. Aún así, los 14.900 parados menos con los que acabó el año pasado constituyen una cantidad nada desdeñable, como se encargó ayer de destacar la Xunta para hacer olvidar el clamoroso fallo de sus previsiones. Esperaba que se creasen 35.000 empleos y al final se perdieron 2.300. Para un año como el 2001 resulta muy sencillo encontrar explicaciones externas, de Manhattan a Buenos Aires, aunque quizá sea más práctico reconocer que seguimos inmersos en una drástica reconversión de la agricultura y la pesca, sin anestesia ni planificación.