La moneda única llamará simbólicamente a las puertas del mismísimo dólar. La divisa europea circulará como moneda propia a miles de kilómetros del Viejo Continente, en territorios europeos de ultramar. Los franceses de las islas Martinica y Guadalupe, ambas en el Caribe, pagarán en euros, lo mismo que harán los de Isla Reunión (Índico) o los de Nueva Caledonia (Pacífico), que por una cuestión horaria se convertirán en los primeros ciudadanos del mundo en comprar y vender en euros. La nueva moneda también se usará en Saint Pierre et Miquelon, cerca de Canadá, y en las Islas Azores. Y de la mano de países como Francia, Bélgica, España y Portugal se abrirá camino en amplias zonas de África, como Angola, Costa de Marfil, Senegal, Argelia, Mozambique y Zaire, aparte de las plazas de Ceuta y Melilla. Dentro de Europa, todo apunta a que el euro será la moneda que adopten los jóvenes países de los Balcanes, que hasta ahora tenían el marco alemán como referencia. Pero si por algún lado puede crecer la divisa europea es por los países del Este de Europa, 13 de los cuales -incluida Turquía y las repúblicas del Báltico- aspiran a ingresar en la UE a partir del 2004. Los pagos externos rusos Bruselas también tiene ultimadas las conversaciones con Rusia para que este vasto país realice sus pagos exteriores en euros, moneda que también será un referente en las estrechas relaciones comerciales de Finlandia con Suecia y Dinamarca, y de Reino Unido con el resto del continente.