En un país en el que se utiliza el coche hasta para ir al supermercado de la esquina, el precio de la gasolina resulta fundamental. Por ello, los consumidores aguzan el ingenio a la hora de llenar el depósito. Desde principios de año, las tarifas de los combustibles aparecen expresadas en decimales de euro, lo que dificulta la traducción a pesetas. Ante esta tesitura, la ciudadanía propone un truco: «Yo no sé cuánto cuesta, pero me doy cuenta cuando la suben. Tengo memorizados los tres decimales del precio; así, si me cambian los números, me entero», explica un vigués a la salida de una estación de servicio. Esta técnica podría resultar anecdótica, pero está muy extendida: «A mi el gasóleo me cuesta 0,696 euros. Cuando pasa de ahí, sé que me lo están cobrando caro», comenta otra conductora mientras llena el depósito de su coche. También son mayoría los que prefieren no complicarse la vida: «Es muy fácil. Cuando veo que la aguja se acerca a la reserva, echo mil duros, y hasta donde llegue», apunta risueño un joven conductor gallego. Esta última alternativa es la más cómoda, aunque la menos recomendable, según las asociaciones de consumidores. Ante esta insinuación, el conductor despreocupado de antes replica: «No me puedo parar a hacer ecuaciones con el 166,386 cada vez que echo gasolina». En el polo opuesto se sitúa un camionero. Para él, la llegada del euro es fuente de intranquilidad. «Yo gasto mucho combustible por mi trabajo. Hasta ahora, la gasolina era cara, pero al menos me daba cuenta. Con los decimales, la verdad es que me cuesta. La factura mensual es más o menos la misma, pero si un día sube me enteraré después de pagar». El euro no es una preocupación menor. En el Ministerio de Economía y en las estaciones de servicio lo saben. Precisamente por ello, los propietarios de las gasolineras firmaron un acuerdo con el Gobierno para mejorar la información a los usuarios. A partir de enero, los consumidores dispondrán de dípticos informativos sobre los precios en euros que facilitarán la adaptación.