Los ganaderos manejan más documentación que reses

P.V. LALÍN

ECONOMÍA

ROMÁN GUTIÉRREZ

Libros de granja, registros sanitarios y certificaciones condicionan su actividad El camino que sigue el ganadero para comercializar una res se asemeja a un proceso sumarísimo de documentos justificativos. El objetivo final es la seguridad del consumidor. La realidad diaria del productor es superar una burocracia cargada de papeles que se incrementan a la hora de acceder a ayudas oficiales cuya finalidad es contradictoria. Tramitar alguna prima les cuesta a muchos casi tanto como el importe de la misma.

13 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los veterinarios oficiales casi deberían residir en las explotaciones. En ellas es preciso disponer del libro de explotación, que recoge todas las incidencias de cada animal, desde los datos del propietario a cualquier movimiento. Junto a éste existen otros dos como registros sanitarios que firman el ganadero y el veterinario y que reflejan toda incidencia en este capítulo de las reses, como medicaciones y tiempos de espera de desaparición de antibióticos, entre otros. Mover un ternero de una explotación requiere un pasaporte -identificación del animal- que firma un veterinario oficial, la copia compulsada de estar al día en el saneamiento ganadero -también con firma oficial- y el certificado de destino para sacrificio. En el caso de cebaderos, la documentación es el pasaporte, una guía sanitaria y el certificado para destino. «Vacas locas» Con las medidas de control desde la aparición de las vacas locas se ha alcanzado el nivel extremo de la burocracia, que se paraliza a sí misma. La solución está en vías de desarrollo, pero, a la espera de que se oficialicen los nuevos impresos del ministerio, ya se ha pasado por fases previas en las que se exige un certificado firmado por un veterinario oficial, por la declaración jurada del ganadero o por ambas, siempre para certificar que el animal es apto para que llegue al consumidor. La oposición de los veterinarios oficiales a firmar favoreció la extensión de la facultad a los habilitados. El problema sigue siendo el mismo. Es comprometido dar esa garantía y, si los veterinarios no lo hacen, al ganadero sólo le queda la opción de ser él quien avala.