FERNANDO R. OJEACRÓNICAS DE LA ECONOMÍA Es el tema de moda. La manipulación de información sobre empresas cotizadas está enriqueciendo a muchos avispados y empobreciendo a muchos inocentes. El congreso oficioso de los mercados financieros que se celebró en A Coruña estos días abordó el asunto por boca de Juan Fernández-Armesto, que ha convertido la persecución de estas prácticas en una de las banderas de su mandato.
11 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.La advertencia de Fernández -Armesto contra quienes conculcan el principio de transparencia informativa en el mercado fue contundente y dirigida literalmente «a todo el mundo que genera información: emisores, intermediarios y administraciones públicas». Esta última referencia sorprendió en las jornadas de Intermoney, después de que en los últimos días se produjesen supuestas filtraciones del Gobierno en torno a próximas rebajas de las tarifas eléctricas. Y sorprendió sobre todo porque el propio Gobierno deberá renovar el mandato de la autoridad bursátil en octubre.
Pero el de las eléctricas no es el único caso reciente. Este mismo mes, por ejemplo, Campofrío convocó a la prensa para anunciar la compra de Oscar Mayer sin habérsela comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Tirón de orejas virtual para Pedro Ballvé, como poco antes lo fue para Pastor y Fenosa en un asunto que nos es más cercano, la oferta gallega por Ence.
Y eso que la difusión de información privilegiada o falsa, favorecida por la difusión y el anonimato que ofrece Internet, tiene enfrente una política muy rígida de la CNMV. Entre otros aspectos, una circular emitida por la Comisión en 1997 establece que «en el supuesto de que, antes de adoptar la decisión, los planes de la sociedad trascendieran a los medios, la entidad emisora está obligada a confirmar o negar la noticia», y «si opta por desmentir la noticia, deberá obrar en consecuencia». ¿Qué quiere decir con esto? ¿Denunciar al medio? No lo aclara. La medida, en cualquier caso, no se refiere sólo a las exclusivas periodísticas, sino también a la información de primera mano que suelen tener analistas financieros o inversores institucionales.
Sin embargo, se han desmentido noticias o rumores que al cabo de un tiempo se hicieron realidad. Sin ir más lejos, la fusión del BBV y Argentaria. ¿Qué criterio adopta en estos casos la CNMV? Aunque es una norma tácita, otorga a los desmentidos un período de vigencia o credibilidad de unos seis meses. Pasado ese tiempo, el cumplimiento de lo que antes fue negado no sería sancionado.