Álvaro Negro participa con la galería madrileña F2 en la feria Arco

Javier Benito
javier benito LALÍN / LA VOZ

LALÍN

El artista lalinense acude desde hace años a este certamen internacional

01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El pasado otoño la galería F2 de Madrid acogía una exposición individual de Álvaro Negro (Lalín, 1973) con el sugestivo nombre de Peirao. En una línea de mayor libertad cromática y con piezas majestuosas, por sus dimensiones y potencia creativa, esa muestra cautivó el interés de crítica y público. Después llegaría una colectiva en Teruel de homenaje a Miguel de Molinos, un célebre místico turolense del siglo XVII. Hasta mediados del pasado enero podían admirarse los «iconos de la santa Nada», como definían los propios organizadores de la muestra las propuestas del artista lalinense. Y su próxima cita le llevará de regreso a la capital madrileña en una feria, Arco, que está marcada en rojo en su calendario desde hace décadas. Tendrá lugar del 4 al 8 de marzo en el recinto de Ifema.

Con la galería Marisa Marimón de Ourense o con Fucares de Madrid ya había contado Álvaro Negro con presencia en la feria más relevante del panorama nacional y con prestigio a nivel mundial. Y desde hace una década lo hace con F2, que lo representa en la capital madrileña. Dos obras que ya estuvieron en su reciente individual con ellos serán las que atraigan las primeras miradas del estand, situadas una a cada una de las paredes de acceso.

Esa decisión obedece a conseguir una simetría en la entrada y a la vez dar armonía dentro de la propuesta abstracta de Negro, en un estand donde cuenta con más peso la figuración. Todo ello para evitar que solapen las obras en una feria como Arco, marcada por el eclecticismo y la mezcla de estilos. «Buscamos ayudar al espectador que suele estar con el ojo cansado ante tanto volumen de obra», remarca el artista lalinense.

Urda y Areallo son sus dos obras en Arco, que parten de cromatismos iniciales y una base común de impresiones mediante monotipia que generaron una simetría interna. Pero después evoluciona de forma divergente al aplicar las veladuras finales, con verdes profundos y rojos óxidos en Urda, con una pintura donde la materia y la luz alcanzan un justo equilibrio. Mientras, en Areallo su resolución final lleva a un registro más expansivo, con una última veladura en azules sobre capas previas de verdes, dorados y grafitos, que la convierten en una pieza casi ingrávida, como si estuviese suspendida en el aire.

 Presencia en el Gaiás y futura individual en la galería Vilaseco

Álvaro Negro reconoce que la presencia en Arco siempre resulta interesante por la visibilidad que aporta, aunque se está lejos de la ebullición de antaño cuando había más clase media dispuesta a adquirir obra. «Ahora parece que está ganando más terreno la artesanía o el diseño», apunta. Lejos quedan esos años de finales de los 80 y principios de los 90, con nuevas corrientes como Atlántica, y con la creación de centros en Galicia, como el CGAC, en plena institucionalización del arte y gestación de colecciones. O la apertura de la Facultad de Belas Artes en Pontevedra, a cuya segunda promoción pertenece el pintor lalinense.

Una pieza audiovisual creada hace unos años se puede ver desde el pasado jueves en el Museo Gaiás de Santiago, en la exposición As estacións do ano na arte galega dos séculos XX e XXI. Comisariada por Mónica Alonso, escogió dos de los capítulos dedicados a una nevada y un deshielo de esa película temporal y biográfica filmada por Negro en el lugar de Monteagudo, en A Estrada. Un idílico enclave que protagoniza algunas de sus pinturas. Pero ya comienza a sentar los mimbres, a reflexionar y definir ideas que plasmará en su próxima individual, que tendrá lugar a finales de año en la galería Vilaseco, donde ya expuso en el 2022.