Los graffitis forman parte con más o menos estilo de la identidad lalinense

Desde citas a murales, se pueden encontrar todo tipo de pintadas callejeras


lalín / la voz

Los artistas urbanos siempre han aprovechado cualquier superficie para expresar sus dotes. Ante ellos, edificios, muros y columnas se convierten en lienzos en los que plasmar sus creaciones; está claro que nada se resiste al poder del espray. En Lalín, los grafiteros parecen no tener preferencias definidas a la hora de elegir su escenario de actuación. Es cierto que las viviendas abandonadas y las construcciones inacabadas suelen ser un clásico, pero también lo son las propiedades privadas y las instalaciones municipales. Por pintar, se pintan hasta autobuses, como se demostró la semana pasada cuando tres vehículos amanecieron cubiertos de graffitis en la estación.

Por supuesto, el carácter de cada «obra» también varía dependiendo del autor. Es por eso que en el amplio espectro de pintadas que decoran la localidad podemos encontrar ejemplos de todo tipo. Desde aquellas más simples, como firmas, garabatos y mensajes (muchas veces ofensivos hacia alguien o algo), hasta las más elaboradas, con dibujos complejos y vistosos.

Precisamente, entre los graffitis textuales sí se pueden observar dos tendencias que ejercen su dominio entre las demás. Por un lado están las reivindicaciones y protestas de carácter político centradas tanto a nivel local como a nacional; incluso las hay orientadas al contexto internacional, donde los murales de apoyo a Palestina son un ejemplo de esto; destacan también los mensajes feministas, a menudo pintados en violeta, y es cierto que hay alguno por ahí con referencias filosóficas. Mientras, en la otra categoría, están las frases románticas, muchas de las cuales se atribuyen a un anónimo «grafitero del amor». Hace unos años, esta misteriosa figura revolucionó el municipio cubriendo varias paredes con sus poéticas citas, muchas de las cuales siguen llenando de sentimiento las calles lalinenses.

Respecto a los graffitis más coloridos, existen zonas que se han convertido en auténticas galerías donde se pueden apreciar multitud de ejemplares. La Praza Europa es uno de estos escenarios en los que se combinan todo tipo de pintadas: calaveras, cocodrilos o plantas son solo algunas de las figuras que cobran vida en sus superficies. El antiguo colegio Manuel Rivero era un espacio parecido, pero tras su demolición parece que el arte solo quedará en sus escombros.

También es común que se concentren decenas de firmas de distintos tamaños y colores, siendo estas las pintadas más asociadas a las actividades vandálicas. Aquí sobran ejemplos, como la zona del Pontiñas que lleva al Gadis o los edificios cerca del Carrefour. Sin embargo, es importante destacar que los graffitis no siempre se tratan del resultado de vandalismo. En ocasiones, las propias instalaciones municipales ponen a disposición sus paredes para que sean decoradas, como es el caso del Espazo Xove Lalín o el estadio Manuel Anxo Cortizo, que ahora lucen con orgullo el resultado. Sea como sea, las pintadas son ya parte de la identidad lalinense. Y es que, gusten o no, pocas cosas hay más urbanas que el efecto de los esprays.

 

Pintadas en buses

La Guardia Civil tiene abierta una investigación por otro tipo de graffitis, que aparecieron en tres autobuses que estaban en la estación de Lalín.

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