Paula Sueiro, el recuerdo que no cesa

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

LALÍN

ana garcía

Cartas, flores, fotos, muñecos, incluso un canario: la tumba de la artista recibe a menudo recuerdos de todo tipo

04 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Paula Sueiro Rodríguez falleció hace casi siete meses (se cumplirán el jueves), en un fatídico accidente de tráfico en la AC-552, cerca de A Agualada. La joven lalinense de adopción tenía veinte años, una incipiente y prometedora carrera artística como cantante (la hizo célebre el programa televisivo Luar) y todos los sueños que uno se puede imaginar a esa edad.

Pero desde el 9 de febrero su cuerpo reposa para siempre en panteón del cementerio de San Cremenzo de Pazos, parroquia coruñesa de Zas de la que es Belén, su madre, y también se sentía ella, junto a Corme, el pueblo de su padre, y Lalín, donde creció. Hasta aquí, una de tanta trágicas y terribles historias de familias rotas y vidas truncadas por la carretera.

Pero en el caso de Paula hay algo especial. Pasa el tiempo, y su recuerdo es imborrable. Su tumba (su nicho está junto al de una vecina que murió con 106 años, la mayor del lugar: extrema juventud y vejez unidas) es un jardín constante. Flores y flores que le llevan su familia y amigos, pero también desconocidos. Belén acude regularmente a cuidar las flores, regarlas, quitar las secas y cambiarlas por otras, y aún se sorprende de que constantemente sigan llegando todo tipo de objetos como muestra de afecto. De niños (muchos) y mayores, de gente que vive cerca y otra vecina de tan lejos como Barcelona que ha acudido adrede al cementerio a depositar algo como homenaje íntimo.

En muchos casos, preguntan a los vecinos cómo se llega, aunque en San Cremenzo, lugar pequeño, todo se encuentra rápido. La lista de lo que va apareciendo semana tras semana es muy larga: cartas, con remite o sin él, que le escriben incluso sin haberla conocido de nada; muñecos (hay, y hubo, varias abejas Maya, además de ositos o Mickey Mouse), macetas con su nombre, elegantemente bordado; urnas variopintas. Pulseras, cuadros con fotos de otra gente, camisetas. Incluso un canario, que hubo que llevarse de allí y ya murió. Pero, sobre todo, flores: claveles, girasoles, rosas amarillas, tulipanes durante el invierno,... Es, la tumba de Paula, un pequeño santuario que resiste al paso del tiempo, y que parece que seguirá así mucho tiempo más. No hay más que ver la impresionante respuesta al acto en su memoria de hace casi dos meses, el día que hubiera cumplido 21 años.

Es el ejemplo físico, exterior, del recuerdo de Paula, pero también se mantiene en varias redes sociales. Y, lo mismo que las flores del cementerio de San Cremenzo de Pazos, de una manera incesante.

La cantante, fallecida en febrero, está enterrada en San Cremenzo de Pazos, en Zas