Vienen con la ilusión de labrarse un futuro a base de esfuerzo y sudor, de emplearse muchas veces en trabajos que otros rechazan. Con el ánimo de ahorrar para regresar a su tierra natal, aunque el destino juegue a veces malas pasadas. O buenas, que también las hay y encuentran razones para enraizarse en el país que les acogió. ¿En verdad les acogió? Trasladó la pregunta y juzguen ustedes en conciencia. El pasado martes tres inmigrantes perdían la vida en la carretera en Agolada. Regresaban de una noche de trabajo por granjas de toda Galicia. Tres vidas truncadas de jóvenes que buscaban cumplir sus sueños con un poco dinero. O sostener a sus familias en tiempos difíciles con el paro azotando sin pausa. El asfalto se llevó por delante esas ilusiones. Pero no hubo banderas a media asta ni mensajes oficiales de pésame. Ni en Lalín ni en A Estrada, donde residían los dos rumanos y el marroquí fallecidos, hubo un mero recuerdo, una visita institucional a los familiares. Y eran vecinos de estos municipios. Saludaban en el portal de sus casas, compartían cafés con sus amigos, compraban en los comercios,... como tantos otros inmigrantes afincados en estas comarcas. Hay olvidos que resultan imperdonables, que a algunos nos generan rubor ajeno.