EL CRISOL | O |
23 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.NO SON POCAS las ocasiones en que los concejales de Lalín, de todos los grupos municipales, se quejan de la nula utilidad que tienen las comisiones informativas previas a los plenos. Y es que la actividad política, cuando se trata de debates de iniciativas particulares y distintas de los partidos en liza, tiene una incuestionable componente de carácter público. Y las comisiones son a puerta cerrada, con lo que se priva a los posibles interesados en conocer el contenido de los hipotéticos debates. De esta manera, en la práctica, no se producen debates; y las comisiones informativas se suceden como «procesións dos caladiños», porque se habla lo imprescindible. Cada formación reserva las cargas pesadas de su argumentario para las sesiones plenarias, estas sí abiertas y públicas. Que aunque suscitan un interés escaso en la ciudadanía por seguir las sesiones en directo -salvo cuestiones muy puntuales, el público en el salón de plenos de Lalín se limita a prensa y funcionarios a los que no queda otro remedio que asistir-, puede informarse más tarde a través de los medios de comunicación. De esta manera, si señalábamos que las sesiones del Patronato Cultural constituyen el minuto de oro, en lo que a indemnizaciones municipales se refiere, la categoría de plata corresponde a las comisiones informativas. Aunque hay que reconocer que todo lo que callan los concejales en tales sesiones no significa en absoluto que otorguen; no hay más que ver que los silencios previos se transforman en locuacidades plenarias que llegan a prolongarse varias horas. Sea para hablar de cuestiones de Lalín o de la situación política mundial, que la corporación lalinense toca todos los palos. Sin percibir en ocasiones que mejor sería interpretar menos tiempo, pero más afinados.