El dirigente escondió siete pelotas y el árbitro se vio obligado a aplazar el duelo
09 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El fútbol es pasión. Eso lo sabe hasta el más pintado. Y que a veces las emociones se disparan hasta límites insospechados, también. Por suerte, todavía no se han inventado los medidores de ira porque este domingo el aparato habría estallado en el Manuel Ángel Cortizo. Allí se veían las caras el Donramiro y el Estudiantil, dos equipos del grupo décimo de Tercera Regional que representan a Lalín y A Estrada, cuando varios rifirrafes entre un directivo local y un aficionado foráneo rompieron la paz reinante. En un arrebato, Carlos Costa Oliveira recogió la práctica totalidad de las pelotas y desapareció con ellas ante la sorpresa general. Era el minuto 73 de encuentro y el marcador reflejaba un 3-1 a favor del equipo del nuevo mago del balón . Quedaban dos esféricos. Uno en el campo y otro en un banquillo. Pero estos tampoco quedaron indemnes porque el primero acabó fuera de los límites del terreno de juego y el segundo fue enviado a la carretera por jugadores del Estudiantil. Al árbitro no le quedó otra que suspender el duelo por falta de pelotas. El protagonista explica lo sucedido. «Na primeira metade fun na percura dun balón e, ó pasar por detrás dunha portería, formouse unha discusión entre os xogadores. Non tiña que haberme metido, pero fíxeno. Un xogador do Estudiantil encarouse comigo e empuxeino. Entón un aficionado deles achegouse alí e díxome que me ía arrepentir do que fixera», afirma Carlos Costa. «Na segunda metade veu cara min en plan chulesco. Rozoume e díxome 'eres un auténtico hijo de puta' e engadiu 'me cago en tu puta madre'. Isto repetiumo oito ou nove veces, incluso cando cada un voltou á súa posición no campo», sostiene. Y añade que «seguiu insultándome a cinco ou dez metros e, aínda que me tentou calmar o meu delegado, quenteime de máis, recollín ata sete balóns e leveinos para o almacén. Gañábamos 3-1 e a forma de jodelo era perder tempo cada vez que saíra a pelota do campo. Nunca pensei que o árbitro decidise suspender o partido. Cando me enterei, cegueime de ira e fun por el correndo cun pao na man. Por sorte, frenáronme a tempo».