Los temporales ahogan la feria de A Estrada: «Estamos vindo cinco postos»

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

R. G.

Los feriantes que resisten dicen que venden el 10% de un día normal

12 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El tren de borrascas que este año se ha empeñado en bañar la península está haciendo mella en la feria de los miércoles de A Estrada, una cita con más de un centenar de puestos fijos en la que últimamente no se ven más de media docena. En la jornada de ayer era concretamente cinco puestos, sin contar las pulperías, que sufren menos la embestida del mal tiempo, aunque también están viendo mermar su negocio significativamente.

La Praza da Feira se presenta desierta, surcada solo por el agua, que baja a ríos, y azotada por el viento, que no deja un paraguas del derecho. En uno de los laterales, arrimados a la acera, dos puestos esperan clientela luchando contra los elementos. Uno vende enseres domésticos. El otro, a la vista del día, ha tapado la mercancía con lonas y solo exhibe paraguas. Dos valientes compradoras se acercan vacilando: «Non hai nada que vender?». «Hai o de sempre, señora. Pida, que lle saco o que queira», responde el feriante. Al final se lleva un paraguas, que buena falta le hará tener repuesto.

En el extremo superior de la plaza, haciendo esquina con la Travesía da Feira, aguanta otro feriante pertrechado en su furgoneta. Es Jorge Campos, que viene a la feria de los miércoles de A Estrada desde hace un cuarto de siglo. Jorge es de los valientes que, llueva o truene, se presenta igual a la cita. «Só fallei unha este ano, pero porque tiña a furgoneta no taller», cuenta. El comerciante reconoce que , con mal tiempo, tiene cierta ventaja respecto a otros feriantes por poder presentar la mercancía en la furgoneta, de la que saca un pequeño avance para instalar el mostrador. «Os que teñen que montar posto e venden roupa xa o teñen máis complicado porque pódeselle estragar a mercancía», explica.

Jorge Campos vende embutidos. En época de cocidos, debería estar haciendo su agosto, pero las incesantes lluvias le están haciendo una faena. «Estamos vendendo un 5 ou 10% do que debería ser un día normal», explica. «En Vilagarcía a xente venche máis ó posto aínda que chova, pero aquí a xente escapa. Tamén é certo que boa parte do público é xente que vén das aldeas e con este tempo igual xa non veñen», considera.

Además de la merma de negocio, los feriantes tienen que sufrir las inclemencias meteorológicas. «O peor é cando te mollas ao montar e xa quedas mollado toda a mañá», explica Jorge Campos, que también lamenta que haya que pagar por el puesto una tasa fija independientemente de que llegue a montarse o no.

Otro de los valientes que acudió a la feria de ayer fue Carlos Peña, de A Lareira de Carlos, que trae desde Padrón una selección de exquisiteces para preparar un buen cocido. «Levamos con este tempo desde novembro. Salvo un par de días que foron boas feiras... Eu vin todos os mércores, pero dous tiven que recoller e marchar porque non había ninguén. Hoxe a verdade vin porque estamos na semana do Entroido e, por respecto aos clientes de sempre, quería estar. As vendas están sendo un 10% das dun día normal», explica.

Al pie del cañón está también Juan M. Carbón, de la Panadería Suso. «Nós como temos a rúa San Paio en obras, alí non vendemos nin a metade. Non hai onde parar. Por iso vimos aínda que diluvie, pero aquí tamén vendemos un cuarto do que sería normal», explica resignado.