La psicóloga Miriam Otero Requeijo ofrece en A Estrada una charla sobre la adicción en adolescentes
03 dic 2025 . Actualizado a las 10:23 h.Para tratar de luchar contra las adicciones en la adolescencia primero hay que saber cuáles son las que están en boga, cómo enganchan a los jóvenes y los peligros que conllevan. De explicarlo se va a encargar hoy la psicóloga Miriam Otero Requeijo en la charla organizada por la Escola de Familias del IES Antón Losada Diéguez de A Estrada. La cita será esta tarde, a las 19.30 horas, en la biblioteca del centro.
Miriam Otero es psicóloga en la clínica compostelana CoidadosAmente y docente en la Universidad Internacional de Valencia. Doctora en Biomedicina, está especializada en tabaquismo y ha trabajado 18 años en el Servizo de Prevención de Condutas Adictivas de la Xunta.
—¿A qué edad se están iniciando los jóvenes en las drogas?
—A edades peligrosísimas. Cerca de los 14 empiezan a consumir tabaco y alcohol, las mal denominadas drogas legales. Debería llamárseles regularizadas. Legal es que mi hija menor de edad vaya a comprar una barra de pan, no un paquete de tabaco. Con el tabaco y el alcohol hay que tener mucho cuidado porque son la puerta de entrada a todo los demás. Nadie empieza consumiendo drogas ilegales. Pero además son las dos sustancias que generan más morbimortalidad. En el caso del tabaco, el 50% de los consumidores se van a morir por una patología relacionada con él. En el caso del alcohol, aunque no haya una dependencia, no dejas de estar tomando un producto muy tóxico que va a afectar a tu salud.
—¿Qué opina del mítico vaso de vino con las comidas?
—El alcohol es un producto muy tóxico que está relacionado con hasta 14 tipos de cánceres. Se considera un consumo de bajo riesgo 250 mililitros de cerveza o 125 mililitros de vino al día en mujeres y el doble en hombres. Eso sería bajo riesgo, pero la palabra riesgo sigue ahí.
—¿Los vapeadores son una moda pasajera?
—Los vapers llegaron para quedarse y son al menos igual de dañinos que el tabaco. Son la forma de supervivencia que ha buscado la industria del tabaco, igual que fueron en su día los cigarrillos light. Los vapers tienen unos diseños y unos sabores espectaculares para enganchar a los más jóvenes. No nos olvidemos de que la industria del tabaco es una industria que, en vez de vender cuadros o muebles, vende una sustancia adictiva súper tóxica. El 50% de sus clientes se les va a morir por el propio consumo, así que tienen que generar nuevos consumidores. La industria necesita que 400 niños en España empiecen a fumar todos los días para que el chiringuito no se les vaya a pique.
—¿Qué otras adiciones son comunes entre los adolescentes?
—Las mal llamadas bebidas energéticas, que lo que tienen es muchísima cafeína, que es prima hermanda de la anfetamina y de la cocaína. No dan energía, lo que dan es una falsa sensación de no agotamiento. Muchos jóvenes se van a cama con las pantallas, que son auténticos ladrones del sueño, y, cuando se levantan adormilados, se espabilan tomando bebidas energéticas. Después, cuando se ponen nerviosos o no pueden conciliar el sueño, van al pastillazo. Los hipnosedantes son la cuarta sustancia más consumida, con o sin receta. Muchos jóvenes se automedican para poner parches, que es más sencillo que cambiar de conducta.
—¿A qué suelen abrir la puerta el tabaco y el alcohol?
—Aquí lo más habitual entre los adolescentes son los porros, sobre todo de marihuana. Los porros están muy normalizados. Hay que tener en cuenta que un porro de hoy es como cinco de los de hace diez años, por el incremento de la sustancia psicoactiva (THC) por la manipulación genética de las semillas. Estamos viendo muchos brotes psicóticos derivados del consumo de cannabis, que despierta patologías aletargadas en una parte de la población que tiene esa predisposición genética.
«Ejercer de padres es agotador, pero el resto es negligencia»
—¿Por qué los jóvenes se inician en el consumo tan pronto?
—El alcohol y el tabaco están normalizados. Los jóvenes están cansados de oír que ya no son niños e imitan a los adultos. Eso va unido a una percepción de riesgo bajo y a que su cerebro todavía está en pleno desarrollo. En las chicas el lóbulo frontal no está plenamente desarrollado hasta los 21 años y en los chicos hasta los 23. No están preparados para tomar decisiones que a veces los adultos cargamos sobre sus hombros.
—¿Qué pueden hacer los padres para prevenirlo?
—Los padres y las madres tenemos la obligación de controlarles. Hay padres que les dejan salir hasta muy tarde siendo muy jóvenes, los dejan ir a salas de fiestas incluso firmándoles autorizaciones que son ilegales, que no saben dónde ni con quién están.... Eso es una negligencia como padre o como madre. Es mirar para otro lado. Al final los pones en riesgo porque les dejas expuestos a situaciones en las que no están preparados para tomar decisiones. Eso les pilla en el paso de la infancia a la pubertad y a la adolescencia. Imagínate un niño tímido que de repente bebe un día y su pandilla se ríe con él y le dice que estuvo divertidísimo...
—¿Falta control parental?
—Los padres deberían saber a dónde van sus hijos, con quién, a qué hora vuelven y cuánto dinero llevan. Yo siempre digo que una medida eficaz contra la droga es ser el más pobre de la pandilla. Igual que cuánto más tarde vuelvan a casa más expuestos estarán a determinadas situaciones. Hay que actuar con mano de hierro en guante de terciopelo. Hay que trazar una línea para que los jóvenes vayan por ella porque su cerebro está en desarrollo y necesita una pauta. Lo mismo pasa con el uso de las pantallas. No puedes permitir que se lleven el móvil a la cama porque dicen que van a usarlo como despertador. Le compras uno de 3 euros y listo. En mis 23 años de experiencia impartiendo cursos, el 100% de los padres me han reconocido que en algún momento ellos mismos han perdido la noción del tiempo con un dispositivo en la mano. ¿Cómo no va a pasarles a nuestros hijos? Cuando enciendes un dispositivo, apagas un cerebro. Ejercer de padres es agotador, pero hay que hacerlo. De lo contrario, estamos anestesiando a nuestros jóvenes. Nunca hubo una generación tan conectada y al mismo tiempo que se sienta tan sola. Es devastador para la persona.