La residencia de A Estrada rinde homenaje a Servando Horta, el usuario que llenó de verde un hogar en el que encontró el amor al final de su vida
01 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Un cartel colgado de la fachada de la residencia de mayores de A Estrada llama la atención estos días a los caminantes que atraviesan la Praza do Mercado. «O recuncho de Servando», dice la tablilla pirografiada que se ha colocado sobre un diminuto jardín recién renovado.
Muchos se preguntarán quién será el tal Servando y qué méritos habrá hecho para ganarse un rincón propio en un espacio comunitario. Los asiduos del barrio, sin embargo, no tienen duda alguna de quién es. El hombre que bautiza el jardín es el mismo que han visto día tras día durante los últimos años cuidando con esmero su metro cuadrado de verde.
En una residencia enclavada en pleno casco urbano y sin ningún espacio abierto al exterior, el pequeño jardín significó para Servando más que la mejor de las leiras. Por eso el personal de la residencia le otorgó la llave de la reja que cierra la zona ajardinada y le dejó plantar y trasplantar a su antojo en su diminuto pedazo de cielo.
No era raro que Servando visitase la feria de los miércoles y volviese con alguna planta nueva. Tal era su afán de reverdecer la residencia que en el mini jardín ya no había sitio ni para plantar un alfiler. Plantar, regar y abonar eran una de las principales aficiones de Servando. Casi la única que mantenía sus ánimos desde que su pareja tuvo que mudarse a otra residencia.
Vecino de Lousame, Servando Horta Agra nació en 1943 e ingresó en la residencia estradense en octubre del 2018. Sin sospecharlo siquiera, allí encontró al último gran amor de su vida: Josefa. Cuentan quienes les conocieron que la suya fue una historia de amor del bueno. No de amores de los que están de vuelta de todo. Ni de los de pasar el rato. Ni con intereses de por medio. «Estaban namorados de verdade. Daba gusto velos. Ela estaba peor e el desvivíase por coidala e atendela en todo o que precisaba», cuentan.
Aquella historia de amor se truncó en febrero, cuando ella se volvió dependiente y tuvo que ser trasladada a otro centro con plazas para este tipo de residentes. Servando nunca entendió por qué no podía irse con ella. Desde entonces puso sus esperanzas en una visita a la residencia de dependientes de Noia que la crisis del coronavirus se empeñaba en frustrar.
Al final, la visita fue posible. Pero fue la última. Servando viajó en autobús de A Estrada a Santiago y luego cogió otro autocar hasta Noia. De vuelta a A Estrada rezó para que agilizasen la tramitación de su dependencia para conseguir el traslado a Noia y seguir envejeciendo al lado de Josefa. Pero la burocracia no suele entender de sentimientos y Servando murió el pasado mes de agosto sin poder reencontrarse nunca con ella.
El personal de la residencia, emocionado con su entrañable historia, decidió mantener viva la memoria de Servando Horta en su rincón favorito: el jardín donde su legado reverdece.