Marisé García: «No monte galego queda case todo por facer»

La estradense cree que es el momento de agruparse para aprovechar todo el potencial forestal


a estrada / la voz

Decir Marisé García es decir rural. Marisé García Hermida (A Estrada, 1959) nació en la parroquia de Berres. «Na Terra do Gharabullo. Chámanlle así porque é parroquia de artistas, de torneiros, de requintas, de escritores... O río Ulla deixou alí un halo de inspiración e creatividade», explica orgullosa. A Marisé le gusta presumir de sus orígenes, aunque realmente creció en A Estrada. Con 16 años le entró sed de mundo y se fue a Barcelona. Aguantó dos meses. «Demasiados cataláns», bromea. Luego tiró hacia San Sebastián. «Alí pegábaslle unha patada a unha pedra e saíache un traballo», dice.

Nada que ver con lo que pasaba entonces en A Estrada, a donde ella volvió para casarse nada más cumplir la mayoría de edad. «Vin vivir á parroquia de Olives. O Olives do 1978. Imaxínate. O cambio foi importante», explica. Marisé ejerció como cualquier otra ama de casa de la época hasta que, sin buscarlo, le cayó del cielo el cargo de presidenta de la asociación vecinal.

«O presidente quería deixalo e propúxome a min», recuerda. Ella aceptó, encantada de romper la rutina. Ni sospechaba que, de rebote, se convertiría en activista local y defensora medioambiental. Todo fue culpa de la granja de cerdos proyectada en el entorno de la Lagoa Sacra y las Brañas de Xestoso. Vecinos y ecologistas se oponían a un proyecto que podría dañar aquella reserva natural y Marisé se convirtió sin quererlo en capitana de un movimiento que consiguió paralizar el proyecto. La hazaña le valió el premio Las Voces del Año en el 2000. Desde entonces, Marisé se convirtió en referente local de la defensa del rural. A ella acudieron los afectados por otras granjas de cerdos proyectadas en A Rocha y a ella recurrieron los productores de manzana locales cuando crearon la Asociación para o Desenvolvemento Integral do Val do Ulla e zona de Pardemarín (Adivupar). Marisé presidió el colectivo que convirtió A Estrada en referente en la producción de manzana para sidra y recogió firmas incansable para conseguir la denominación de origen Viño da Terra para la zona del Ulla, aunque finalmente se prefirió incluir estos cultivos como una subzona en la denominación Rías Baixas. Fue además la responsable de la oficina local de Unións Agrarias entre el año 2000 y el 2005.

Desde ella promovió plantaciones de pinos en muchos montes de la zona y organizó decenas de cursos formativos para la mujer rural. «Nun ano fixemos máis de cen», recuerda. Porque esa es otra de las facetas que hacen de Marisé un pilar del dinamismo estradense. Además de trabajar desde el sindicalismo, Marisé estuvo años al frente de la asociación local de mujeres rurales y dio alas a sus congéneres para embarcarse en todo tipo de proyectos más allá de lo doméstico. Además, recuperó la Festa dos Pereiriños -un evento impulsado por los emigrantes para reforzar la asistencia a las escuelas construidas con sus remesas de dinero- y abrazó la causa de la memoria fotográfica local, con un proyecto en el que ha recuperado 200.000 fotos y documentos antiguos de A Estrada.

Tras su paso por Xóvenes Agricultores, del que guarda un recuerdo muy grato, Marisé creo la empresa de asesoramiento agroforestal Eixo Rural -junto al ingeniero José Torrado- y fichó luego por la firma de trabajos forestales Stragal. Fue estando en esta empresa cuando surgió la idea de fundar la Asociación de Fomento e Ordenación Forestal de Galicia. «Foi a raíz da aparición das sociedades de fomento forestal (Sofor). No agro, para que o traballo sexa produtivo e rendible hai que agruparse. Senón é imposible. Pero a xente desconfía deses temas. Se van firmar ao notario é case porque confían en ti. Custa moito convencer á xente, aínda que a figura é moi garantista. O trato coa xente é o que se me dá ben. Algunha xente vía practicamente imposible que saísen adiante as Sofor, pero en Stragal fixemos 12. Hai que ter moita man esquerda. O segredo é entender o que quere a xente e saber falar de forma que te entendan. Canto me costa e canto me dá. Iso é o que interesa», explica.

«O monte está desorganizado e desaproveitado. A xente que planta é maior e quere ver o retorno. Por iso moitos queren poñer eucalipto. Eu non estou en contra, pero non en zonas de labranza nin preto das casas. Hai que xestionar con coherencia e agora é o momento, porque veñen sancións por non ter o monte limpo», dice. Marisé ve interesante el castaño de fruta. «Hai que buscar unha explotación compatible coa paisaxe e o medio ambiente», defiende. «Queda case todo por facer», advierte.

 

Fue en Barcelona, con 16 años. Trabajó en una fábrica de elementos decorativos de forja. «A miña misión era darlle un toque de cobre co pincel ás pezas para que pareceran vellas», cuenta.

«El mundo de Sofía», de Jostein Gaarder. Le gustan la poesía clásica y la filosofía, aunque no pudo con «Así habló Zaratustra». «Ultimamente xa non leo nada porque non teño tempo», confiesa

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