Esplendor y emoción en la Rapa

F. S. Cordón

A ESTRADA

El primer encierro en el curro tuvo todos los alicientes de la noble lucha bruta entre y el hombre y el caballo, con la nostalgia del primer «aloitador» que fallece en las fiestas

05 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los primeros rayos de sol en Sabucedo ya marcaron ayer que iba a ser un día excelente para la búsqueda de animales en el monte y para la rapa de la tarde. Animación, bullicio y visitantes sobraban, pero llegó pronto el gran nubarrón que supuso la muerte de un veterano aloitador , de infarto, cuando colaboraba con un grupo en la localización de manadas. El día y la fiesta ya quedaron marcados por esa pérdida.

La bajada de los animales a la zona de O Peón, y luego hasta Sabucedo, llevó muchas más horas de las previstas. En el curro, lleno, se tuvo que esperar casi una hora el inicio del primer encierro. Tras un minuto de silencio en recuerdo del aloitador que formaba parte de la mítica quinta de finales de los sesenta y principios de los setenta con Felipe, Lino Cabada, Touriño padre o Luis Obelleiro, llegó la hora de la batalla en el foso.

Pendientes de todo, casi un centenar de profesionales de la prensa estaban acreditados por la organización. Buena parte de ellos eran fotógrafos que participan en el concurso internacional de fotografía.

En el foso, una vez que fueron separados los potrillos, el relevo de aquella quinta puso toda la carne en asador para rendir el mejor homenaje a Luis Álvarez, una noble y bruta lucha para reducir y cortar las crines al mayor número de animales, incluidos los peligrosos garañones.

La inevitable adrenalina con que los espectadores, animales y caballos vivieron durante hora y media la rapa de ayer se mezcló, por fuerza, con la emoción por la pérdida del vetereno aloitador. El año pasado, tras un tiempo retirado, volvió al foso para curarse la nostalgia.