Cuatro niños de los campamentos saharauis de Tinduf pasan el verano con familias de A Estrada Suelen ser muy cariñosos, inquietos y hasta atrevidos. Con aires de astronautas acogidos, en un planeta perdido, por alienígenas pacíficos que sólo quieren enseñarles su forma de vida. Cada año, varios niños de los campamentos de Tinduf, situados en el desierto argelino y donde se refugia el pueblo saharaui hasta que recuperen su patria, son acogidos por familias estradenses durante el verano. Este año ya llegaron cuatro niños y aún se espera a dos más. Nayem y Daha son parientes y residen con una familia en Somoza.
23 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El matrimonio formado por Javier de la Calle y Setefilla Cuevas, residentes en el lugar de Carballeira-Somoza, ya acogió el pasado verano a un niño saharaui, Nayem, de diez años, que enseguida se convirtió en un miembro más de la familia y el mejor amigo de Manuel, hijo del matrimonio y prácticamente de su misma edad. El pequeño saharaui decidió repetir experiencia, y la familia también prefirió acoger este año al mismo chaval, que llegó acompañado de su sobrino Daha, con tan solo ocho años. La nueva familia está viviendo un verano intenso, son Nayem aprediendo nuevas cosas de una tierra muy distinta a la suya y con el pequeño Daha que no sale de una sorpresa cuando cae en otra. El pasado lunes recibieron la visita de una niña saharaui que pasa también el verano con un matrimonio estradense, y aún quieren pasar un día con un cuarto niño de su campamento que está igualmente estos días en A Estrada. Agua, carne y televisión La integración de los dos niños en la familia del matrimonio De la Calle-Cuevas es total. Nayem ya sabe expresarse en castellano y suele llamar mamá a Setefilla y, como los niños de su edad, actúa con toda confianza, incluso para ser travieso o interesarse por todo aquello que le sorprende o atrae. Mientras, el pequeño Daha intentan aprender algunas palabras del catellano, pero recurre a su tío para hacerse entender o para comprender algo más de su entorno y de las experiencias que están viviendo. Ambos niños tienen pasión por las coca colas y fantas, las patatas fritas, las botellas de agua y la carne, y se han buscado otro amigo inseparable: el mando a distancia con la televisión encendida. Los juegos en el césped del jardín de la casa, en contacto continuo y dulce con la hierba, es también una actividad diaria y novedosa para los pequeños. A la hora de comer, el plato preferido de los niños es aquel que contiene carne; suelen preguntar si es de cabra. También les gusta el marisco, pero Daha no quiere saber nada de la verdura.