María del Carmen Baldonedo: «El venezolano hijo de emigrante o retornado ya vino, ahora es el nativo»
DEZA
La falta de vivienda, de documentación y el empleo centran los principales problemas
07 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La Asociación de Venezolanos del Deza sigue apostando por una mujer al frente del colectivo. Después de las presidencias ostentadas por Clara Presas, Ana Martínez o Ana María Fernández, en la última convocatoria asamblearia fue elegida María del Carmen Baldonedo Vilariño, silledense de Taboada, que cuenta con una larga trayectoria de apoyo y participación en las actividades del colectivo.
—El la primera vez que soy presidenta, pero me afilié a la asociación en el año 2019. Creo que soy la socia número 91, en un censo de 210 asociados; entendiendo que son los que tenemos como cabeza de familia, ya que participando en la asociación seremos unos 500 vecinos o un poco más.
—En ese contexto asociativo, ¿han aumentado las afiliaciones en los últimos tiempos?
—No. Con la llegada de la pandemia las afiliaciones han descendido, y desde la asociación estamos ahora mismo trabajando en la recuperación de las actividades que llevaba a cabo el colectivo, que siempre fueron intensas como la recogida de medicamentos para Venezuela cuando al país no llegaba ni una aspirina. Las afiliaciones se han estancado pero sabemos que siguen llegando venezolanos a la zona.
—¿Se trata de venezolanos hijos de dezanos o que tienen raíces comarcales?
—Aquí la cuestión también cambió. Años atrás hemos llegado aquí, en mi caso a Taboada (Silleda), siendo hijos de vecinos de la comarca pero ahora el venezolano que llega es venezolano, venezolano. No es hijo de retornado o de emigrante. No es una persona con raíces de ancestros en Lalín, Silleda o Agolada... No tiene ningún vínculo con esta tierra.
—¿A qué se debe entonces esa llegada a esta comarca?
—También me lo pregunto. Posiblemente se deba a que tienen personas que han conocido la zona o viven aquí, se informan quizás sobre la comarca y pueden apreciar que la vida es más tranquila que en una gran ciudad, y también menos costosa que en una gran urbe.
—¿Cuáles son los principales problemas que plantean los venezolanos en la asociación a su llegada?
—Los grandes problemas son fundamentalmente la carencia de vivienda y de papeles de residencia, documentación y trabajo. Encontrar un piso en alquiler es todo un reto para cualquier venezolano que llega. Nadie les quiere alquilar por la inseguridad jurídica que tienen los propietarios. Como ejemplo, sabemos de tres familias que están viviendo en un mismo piso, de pequeñas dimensiones, mientras no encuentran quienes les alquilen. Es una situación que se repite muchas veces.
—¿La situación se repite a la hora de buscar el acceso a un puesto de trabajo?
—Exactamente lo mismo. No cuentan con papeles de residencia, no tienen documentación y trabajan generalmente al margen del sistema. No tienen otra opción, y en muchas ocasiones son empleados en granjas en las que incluso les ceden un lugar en el que residir, siendo para muchos una gran oportunidad. Las mujeres, mayoritariamente, se dedican al servicio doméstico y si es como internas mucho mejor ya que resuelven el problema de la vivienda.
—En muchas ocasiones se dice que llegan aquí con lo puesto, ¿es cierto?
—Claro que es cierto. Hay gente que salió caminando del país hacia Perú o Colombia, pero no es menos cierto que los que llegan aquí son unos privilegiados en el sentido de que pudieron llegar en avión y no todo el mundo dispone del dinero suficiente para pagarse una travesía de esa característica.
«Nos estamos preparando para la regularización, una de las cuestiones más importantes»
María del Carmen Baldonedo regresó a Galicia, tierra en la que nació, para cuidar de su madre. Progenitora que cruzó el gran charco por una estancia de 3 meses para visitar a sus hermanos, «y aquí se quedó prendada de su Galicia y de su familia. Enfermó, me necesitaba y regresé para cuidarla. Y me pasó lo mismo que a mi mamá: aquí me quedé», recuerda Carmen.
Formadora de maestros, María del Carmen Baldonedo Vilariño, se trasladó de Venezuela a México por cuestiones laborales para desarrollar allí un proyecto de educación de adultos en el medio rural, que se extendió finalmente, dice con una sonrisa, catorce años. «A Venezuela iba de visita, allí tenía mi casa y mi familia escogida, pero cuando me fui todavía no está Chávez en el poder... Al llegar a Galicia, mi primera impresión fui muy positiva, asombrándome del cambio de esa Galicia interior pero para bien». Comenzó entonces la relación de María del Carmen con la asociación de venezolanos de la que es presidenta por primera vez. Cargo que encara, dice, encantada, ilusionada y comprometida. «Queremos reactivar la asociación y lograr que se convierta en un lugar de encuentro y apoyo para todos los venezolanos. Tenemos muchos proyectos sobre la mesa a los que queremos darles salida y nos estamos preparando para todo el tema relacionado con la regularización, que es una de las cuestiones más importantes ahora mismo».
La presidenta de la Asociación de Venezolanos del Deza hace una llamada a la unidad y a la participación, «esta asociación será lo que decidamos entre todos. No es el colectivo de una persona. Sin la gente no hacemos nada y la unidad es lo que nos hará que tengamos éxito, pero para ello necesitamos del apoyo y colaboración de todos».