El amigurumi llega a A Estrada con clases «que son artesanía y terapia»

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

DEZA

La pontevedresa Ana Gómez es maestra y adicta a este arte de origen nipón

02 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El arte del amigurumi quiere crear escuela en A Estrada. Para los no iniciados, un amigurumi es un pequeño muñeco tejido mediante la técnica de croché o ganchillo. El término y la tendencia tienen su origen en Japón, donde regalar un amigurumi tejido a mano se considera un gesto de cariño y aprecio, ya que cada muñeco tejido a mano conlleva una dedicación y un esfuerzo orientados especialmente a la persona que lo recibe. Los amigurumis se conciben, además, como compañeros para toda la vida, capaces de ofrecer protección y consuelo a sus dueños. En su origen japonés, estos muñecos solían crearse sin boca, para simbolizar la confidencialidad, la protección y el acompañamiento fiel, especialmente en momentos difíciles.

Ana Isabel Gómez Villaverde, que este otoño ofrecerá clases de amigurumi en A Estrada, descubrió ese arte en Brasil. En el año 2012 su marido se mudó allí por razones profesionales y ella lo acompañó. Se instalaron en Natal, al noroeste del país. En su búsqueda de nuevos entretenimientos y experiencias, Ana se encontró con el amigurumi. «Allí, como en todos los países latinos, la artesanía es todo un mundo y el amigurumi estaba por todas partes. Es algo increíble», cuenta Ana.

La pontevedresa, a la que siempre le habían gustado las manualidades, se enganchó enseguida a este arte. Primero, de forma autodidacta. Después, asistiendo a algunos cursos más específicos.

Una década después de aquellos inicios, Ana Gómez es una auténtica experta en amigurumi, imparte clases en Santiago y tiene en su casa una colección de muñecos de ganchillo que lo invade todo. «Cualquier día me echan de casa», dice riendo.

La artesana ha perdido la cuenta de cuántos amigurumis conviven con ella. «Tengo una colección inspirada en el mundo Disney y el mundo de los cuentos. Pinocho, Pepito Grillo, los tres cerditos y el lobo con sus casitas, Ricitos de oro y los tres osos, los Pitufos y Garfield, Tarta de fresa, las princesas Disney... También tengo un nacimiento al que cada año le aumento un poco», explica esforzándose por hacer memoria. «Me encantaría hacerle escenarios para todo. Estoy pensando en hacer, por ejemplo, la carpintería de Geppetto con goma eva», explica la artesana.

Ana Isabel Gómez, que tiene familia en A Estrada, de donde era originario su padre, empezará este mes de noviembre a impartir clases de amigurumi en la mercería Punto Doble (calle Calvo Sotelo, 21). Los talleres, con plazas limitadas para poder trabajar en pequeño grupo, serán los sábados por la mañana o por la tarde y se prolongarán hasta junio.

Según explica la artesana, no es preciso saber ganchillar para anotarse a las clases. «Empezamos de cero. Al principio cuesta un poquito estar pendiente de contar los puntos para hacer aumentos o disminuciones, porque vas tejiendo en espiral y no sabes dónde acaba. No es difícil, pero es laborioso porque las figuras a veces llevan muchas piezas», advierte.

No hay tiempos marcados para confeccionar un amigurumi. «Dependiendo del tamaño, de lo elaborado que sea el muñeco y del tiempo que le dediques, puedes tardar una semana o meses», comenta.

La maestra asegura que el amigurumi, además de artesanía, es pura terapia. «Te evades de todo. Contando puntos te olvidas hasta de que existes. En Santiago tengo alumnos que han empezado como terapia, en lugar de ir al psicólogo. Algunos incluso por recomendación médica. En clase no puedes pensar en nada y te relajas, aunque muchas veces acabamos contándonos nuestra vida. Tenemos muy buen ambiente y lo pasamos genial. Hasta hacemos un par de excursiones al año», comenta Ana Isabel Gómez. «Es fantástico ver cómo emana ese mundo de la creatividad que a veces creemos que no tenemos. La gente se siente muy realizada. En Santiago somos sobre todo mujeres, pero también tenemos algún chico y está encantado», cuenta.

Una colección de muñecas que daría para una muestra

Ana Isabel Gómez no solo es adicta a los amigurumis que ella misma fabrica. También es una gran apasionada del mundo de los juguetes. En los desvanes de su casa familiar recuperó varias decenas de muñecas de los años sesenta en adelante. A mayores, compró algunas más. En la actualidad tiene en casa un pequeño museo privado con 54 piezas, desde muñecas Nancy de los sesenta hasta Barriguitas de todo tipo. «El mundo de las muñecas me fascina. He pensado en exponerlas, pero de momento no ha surgido la ocasión», comenta.