Los nuevos valores de Carabelo

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

DEZA

Miguel Souto

Mar Taboada, Sabela Ferradás y Noela Mato son estudiantes de la ESO y las voluntarias más jóvenes que imparten clase en la escuela lalinense

06 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Detrás del éxito y de la ayuda que prestan asociaciones como Carabelo está la ilusión, el corazón y el trabajo de mucha gente, especialmente de los voluntarios que día a día hacen posible que el engranaje de esta escuela que tanto servicio presta funcione como un reloj. Ellos son el alma de la asociación.

Los valores más jóvenes de esta plantilla altruista son tres chicas lalinenses a las que aún les faltan años para alcanzar la mayoría de edad. Las tres van en la ESO y están encantadas con dedicar parte de su tiempo a enseñar a algunos de los niños que van a Carabelo. Una de las primeras en llegar fue Mar Taboada Montoto, que cursa tercero de la ESO en el IES Laxeiro y tiene 14 años. Explica que «Eva Pol, una de las integrantes de Carabelo, es amiga de mi madre y le dijo que buscaban gente joven que les ayudara con los niños más pequeños». Probó y le encantó la experiencia. Desde principio de curso acude una hora a la semana «y si puedo más» a dar clase a seis niñas de primero de Primaria.

Su experiencia ayudó a su amiga Sabela Ferradás Rodríguez a dar el paso. Cuenta que «fui al mismo colegio con Mar y las excursiones nos intentábamos juntar y ahora, en el instituto, estamos en la misma clase». Mar le habló de su trabajo como voluntaria en Carabelo y Sabela se animó a hacer lo mismo.

Le da clase a Susi, una niña que vino de Brasil y empezó tercero de Primaria. Sabela se incorporó a Carabelo a mediados del primer trimestre. A ellas se suma Noela Mato López, a la que no fue posible hacerle la foto en la escuela porque estaba confinada tras tener contacto con una persona que dio positivo en covid. Noela estudia cuarto de la ESO en el IES Aller Ulloa y relata que fue su madre la que la animó a dedicar un tiempo a hacer voluntariado. Empezó en la escuela a principios de curso. Explica que «dende sempre gústame moito os nenos». Se encarga de tres niñas de diez años que cursan cuarto de Primaria.

La labor de las tres es ayudar con los deberes a las niñas de sus respectivas clases, resolver sus dudas, estar pendientes de que repasen y echarles una mano con los exámenes. Si queda tiempo con los más pequeños pintan y con los más mayores realizan actividades y juegos. Las tres no tienen más que palabras de elogio y de cariño para sus alumnas. Coinciden en que todas ellas se portan fenomenal y que «siempre están alegres». Antes de esto, alguna no conocía la existencia de Carabelo pero creen importante que gente de su edad se implique en proyectos como estos. A sus compañeros de clase los animan a hacer voluntariado destacando, como explica Sabela, que «es una experiencia bonita y ayudar a la gente también te hace sentir bien».

Aunque a su edad, los estudios les exigen mucha dedicación, sumada a diferentes clases a las que acuden las tres y que llenan sus agendas, consideran que dedicar una hora a la semana o algo más a esta labor no es difícil de conseguir y lo que reciben a cambio es mucho.

Noela cuenta que las niñas le preguntaban en clase si le pagaban por ser su profesora. Las tres, como el resto de los voluntarios, llevan a cabo esta labor de forma altruista y su mayor satisfacción es poder contribuir a la educación y formación de estos niños que les dan a diario su cariño y les abren la puerta a su mundo y su cultura. Mar da clase a Bassma, Dina, Sara y Ferdaous. El pasado martes Dina acudía por primera vez a la escuela de Carabelo. Las niñas afirmaban sin dudar que los que más les gustaba era «pintar y jugar» mientras Mar les iba a ayudando a una con los ejercicios y las restas y a Bassama con el examen que tenía al día siguiente.

Proyectos para poder ampliar la actividad con alguna iniciativa en verano

Eva Pol destaca la ayuda que prestan los voluntarios y pide a los padres que animen a sus hijos a colaborar. Pueden hacerlo, «a partir de tercero o segundo de la ESO, incluso». En la escuela se encargan de los niños más pequeños. En estos momentos la escuela atiende a escolares desde primero de Primaria hasta cuarto de la ESO y dos en ciclos, uno de ellos de 19 años que cursa uno de Mecánica. En muchos casos son niños que llegaron desde otros países. Los alumnos tienen un tutor asignado para cada curso. Sabela, Mar y Noela le cuentan que «están encantadas» y con Mar, indica, «ya hablamos de la posibilidad de hacer algo en verano, una o dos veces por semana».

La escuela, explica Pol, «depende cien por cien de los voluntarios». En estos momentos cuentan con 16 personas, todos adultos, menos estas tres chicas. La mayoría, relata, «son personas con la vida hecha y los hijos ya criados». Aunque en el caso de los más jóvenes la ayuda suele ser muy temporal porque a la mayoría les espera la universidad, confía en que el boca a boca funcione y se sumen más jóvenes a los que anima a dedicar un poquito de su tiempo.

Pese a que disfrutan ayudando a los niños, ni Sabela, ni Mar ni Noela se plantean dedicarse en el futuro a la enseñanza. Las tres son muy buenas estudiantes. A Mar lo único que se le atraviesa son las Matemáticas que es una de las asignaturas favoritas de Sabela junto con el resto de las materias de Ciencias. A Mar le gustan las relaciones internacionales «o algo relacionado con la moda». Sabela explica que primero quiso ser veterinaria pero ahora se inclina por estudiar Medicina. Noela no lo tiene claro y le tira el Márketing y el Derecho.

Noela Mato resalta que «vemos nas redes sociais unha realidade paralela con esas casas súper bonitas que nos encantarían a todos pero temos que darnos conta que hai outra realidade diferente e todos deberíamos ser un pouco conscientes, e o facer voluntariado nun pobo como o noso podes darte conta das dificultades para moitas familias».

Destaca que las niñas «intentan esforzarse ao máximo». A sus compañeros los animaría a hacerse voluntarios resaltando «a compensación emocional» y a probar «porque pode gustarlles moito». Cree que «facer voluntariado é pensar un pouco nos demais e iso é súper importante». Una labor que constituye también un aprendizaje para la vida.